29.6.09

Jan el-Jalili: una inmersión en el verdadero Egipto

Los viajes a Egipto suelen hacerse en grupo y acompañados por un guía que tendrá dos preocupaciones principales: hacerles pasar por las tiendas en las que él cobra comisión y esconder en la medida de lo posible la realidad del país más allá del maravilloso entorno turístico de los templos, el crucero por el Nilo y las Pirámides.

Por eso, para aquellos a los que les gusta ir un poco más allá de la superficie de los lugares que visitan El Cairo será una buena oportunidad para desprenderse de la “vigilancia” del amable guía y conocer un poco más profundamente la realidad de un país que es tan diferente del nuestro. Y un lugar imprescindible para hacerlo es Jan el-Jalili, el famoso bazar del centro de la ciudad.

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Algunos dirán que difícilmente un mercado tan turístico como el bazar en el centro de El Cairo puede ser un exponente de la realidad de la ciudad. Es cierto que Jan el-Jalili es punto de atención para los turistas y que alguna de sus zonas está inequívocamente pensada para foráneos, pero no lo es menos que, si siguen caminando, si salen de las vías más frecuentadas y se adentran en el laberinto de pequeñas callejuelas, si llegan a la parte del mercado que no está pensada para el visitante ocasional, conocerán una parte de la ciudad que, seguro, les costará olvidar.

Verán cafés con hombres fumando en el exterior, pescaderías que ponen su género a la venta sobre una mesa de madera sin ni tan siquiera una fina capa de hielo, a pesar de la temperatura de más de 40 grados a la sombra; carnicerías en las que los corderos cuelgan enteros de un gancho, con su cuerpo despellejado y su cabeza intacta y que son un auténtico festín para las moscas; tiendas de ropa con túnicas imposibles y pañuelos espantosos adornando a maniquíes de los 70; calles sucias en las que la arena y diferentes formas de basura han vuelto a cubrir la fina capa de asfalto; casas de improbable estabilidad de las que salen niños malvestidos…

Verán, en resumen, la realidad de un país pobre que durante el resto del viaje se habrá estado hurtando a sus ojos.

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Pero no todo es pobreza y sordidez, incluso lo que puede llegar a parecerlo en ocasiones se torna en una agradable sorpresa. Por ejemplo, cuando buscaba un lugar en el que comprar una chilaba de auténtico algodón egipcio (sí, tengo una chilaba el algún rincón del armario) seguí a un hombre que me dijo que en su tienda estaban las mejores de El Cairo.

Yo pensaba que la tienda estaría tras una puerta a nivel de calle, pero para mi sorpresa me encontré siguiendo a un desconocido por unas escaleras y unos pasillos recónditos que me llevaban, pensé yo, a un oscuro logar en el que sin duda iba a ser atracado violentamente y quién sabe si desflorado o simplemente asesinado a golpe de alfanje o quizá usado en algún oscuro ritual faraónico en el mejor estilo de Lovecraft.

Así que, tras atravesar un último pasillo algo más sucio y decrepito que los anteriores
casi me sentí decepcionado por tener que abandonar mi pesadilla gótica y entrar en una tienda espaciosa, con el encantador estilo de los viejos almacenes de paño de los pueblos, con un género de primera y donde fui muy amablemente atendido por tres sonrientes personas que parecían a millones de kilómetros de estar pensando en rituales lovecraftonianos.

También podrá encontrar personajes peculiares, como el simpático vendedor de especias al que compramos un poco de excelente azafrán (tras el correspondiente regateo, por supuesto) y que no nos hablaba ni en inglés ni español (ni por supuesto en árabe que no habríamos entendido nada) sino… ¡en un más que digno catalán! que, según nos contaba emocionado, había aprendido trabajando en Cataluña.

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Estas sorpresas y otras muchas más son Jan el-Jalili, un rincón de El Cairo que, si lo sabe visitar, será mucho más que un escaparate para turistas y también mucho más que un recorrido turístico por la pobreza, será una ventana real a otra forma de vida que podrá ver, oler y palpar antes de volver al oasis occidental de su hotel.

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