13.7.09

Rincones (casi) secretos de Madrid: el Teleférico de Rosales

El viejo Teleférico de Rosales (ha cumplido recientemente 40 años) es un recuerdo turístico asociado a mi más tierna infancia, cuando las cabinas suponían lo más parecido a volar que yo podía imaginar. Hoy, el vértigo no es el mismo, pero sigue siendo una excursión recomendable para pasar una tarde diferente en la capital, y las vistas son como estonces estupendas…

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El Teleférico madrileño sale del Paseo del Pintor Rosales, ya en el Parque del Oeste, sus cabinas sobrevuelan ese parque, el río Manzanares, la M30 y parte de la Casa de Campo, donde termina su recorrido dos kilómetros y medio después de haberlo iniciado.

Las cabinas tienen capacidad para seis pasajeros, pero normalmente los operarios las dejan ir con menos, así que podrá hacer un viaje más agradable con su pareja o su familia sin compartir el reducido espacio con extraños.

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La altura del viaje no es excesiva, tan sólo unos 40 metros que es mucho menos que gran cantidad de edificios de la ciudad (de hecho, se pasa junto a una torre cuyas ventanas ofrecen una peculiar vista para los más curiosos), pero es suficiente para ofrecer una perspectiva diferente de Madrid y algunas de sus vistas más hermosas, especialmente las del oeste de la ciudad en las que destaca el Palacio Real, aunque la Almudena a su lado estropee bastante el marco incomparable.

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Por supuesto, es una excursión muy recomendable para hacer con los peques de la casa, a los que les encantará el “vuelo” de las cabinas y que lo vivirán como una gran aventura.

Además, aunque lo importante en el Teleférico es el propio trayecto, al llegar al final del recorrido encontrarán varias posibilidades interesantes que pueden ayudarle a completar una tarde divertida: el Parque de Atracciones está a tiro de piedra; por supuesto, la Casa de Campo es un sitio excelente para caminar y hay muy cerca unos columpios que encantarán a sus niños; finalmente, el propio edificio de llegada tiene una cafetería con una terraza muy agradable en la que pasar un buen rato.

El único pero que ponerle es que resulta muy difícil sacar buenas fotografías durante el trayecto: el propio balanceo de la cabina no ayuda mucho y, además, por muy comprensibles razones de seguridad sólo tenemos un par de pequeño huecos en las ventanas por los que sacar el objetivo en una pose imposible y con la que la mayor parte de las fotos nos saldrán movidas.

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Si aún así quieren atreverse, traten de hacer el trayecto de vuelta (que es el que ofrece mejores perspectivas) a una hora avanzada de la tarde, poco antes de ponerse el sol encontrarán una luz excelente.

MAS
Tienen toda la información necesaria en la web del Teleférico.
Y pueden ver mis fotos del Teleférico en Flickr.
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9.7.09

Un enfoque nuevo(?) de los sitios sobre hoteles

Estamos en una época en la que cada día está más de moda los sitios hechos por los usuarios y con opiniones “de la calle“, es decir , emitidas por no profesionales que se agrupan en espacios como Tripadvisor.

Así que, en este entorno, no deja de ser paradójico que aparezca una nueva web que nos ofrece exactamente lo contrario: opiniones e información sobre viajes (concretamente sobre hoteles) creada por profesionales y que se precia de obtenerse sin mediación comercial alguna, sin rebajas en los precios y sin premios de ninguna clase.

Se trata de Oyster.com, una página que ha nacido con bastante fuerza (es decir, con un importante respaldo económico) y que, ya sea por eso o por el modelo de negocio que se ha planteado, ha captado cierta atención en los medios, por ejemplo de Newsweek.

Como les digo lo peculiar del sistema es el recurso a los profesionales: Oyster contrata a periodistas de viajes con experiencia y les manda a una turné de varios días o semanas en la que tienen que juzgar varios hoteles. La compañía paga las cuentas completas y no acepta ningún tipo de beneficio, regalo o rebaja en los precios de tarifa.

Lo que podríamos denominar "objetividad de la vieja escuela" (que ya sabemos que no siempre era objetiva), pero también un conocimiento más profundo de lo que se juzga, con un trabajo más meditado y concienzudo que el que puede hacer (se supone) un viajero “del común”.

La verdad es que el trabajo sobre los pocos destinos que por ahora se cubren (Miami, Aruba, Jamaica y la República Dominicana, con Nueva York y Las Vegas como prometedores “coming soon”) es muy completo: se analizan un montón de hoteles, se los clasifica en diferentes categorías (familiares, románticos, con vistas...) se los fotografía (las imágenes no son de calidad excepcional pero sí muy explicativas y hay muchísimas de cada hotel), se les pone notas…

En resumen, un trabajo profesional en el mejor sentido del término y, cuanto menos, una fuente más para tomar decisiones sobre nuestros viajes.
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8.7.09

Mis fotos: Nueva York

Me doy cuenta de que hace ya varios meses que no publico una de mis galerías de fotos sobre alguno de los destinos de los que les cuento cosas y, más grave todavía, que no lo había hecho sobre la ciudad que es uno de mis sitios favoritos del mundo: Nueva York.

Así que con este post vamos a solucionar los dos "problemas" de un único tiro: les dejo para su disfrute una galería con fotos de la Gran Manzana. Se hicieron en abril y mayo del 2005, cuando pasé dos meses en aquella maravillosa ciudad y están digitalizadas a partir de las diapositivas que utilizaba por aquellos carpetovetónicos tiempos.



Una aclaración: habrá quién eche de menos algunos elementos muy conocidos de la ciudad y especialmente sus parques. No se preocupen, en un plazo que espero que sea razonable hablaremos de ellos y pondremos a su disposición una pequeña galería dedicada por entero a los rincones verdes de Manhattan.

Y si alguien quiere verlas a un tamaño algo mayor puede hacerlo entrando directamente en el set de Flickr en el que es tán guardadas.
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2.7.09

Sorolla: deslumbrarse con el mar... en Madrid

He estado esta semana en la exposición que el Museo del Prado ha dedicado a Sorolla, en lo que es un reconocimiento que quizá podría resultar sorprendente para algunos pero que, vistos los más de 100 cuadros que forman la muestra, sólo puede calificarse como muy merecido.


Sorolla es uno de esos pintores que gustan a todo el mundo: muchos de sus temas, la luminosidad de sus cuadros, un uso muy vistoso del color… Su pintura es más agradable y sencilla que la de buena parte del arte del S XX y, aunque eso debió ayudar a que tuviese un enorme éxito en vida y a ser muy conocido después, es probable que le haya perjudicado en la apreciación dentro de un mundo del arte que suele preferir diferenciarse de la masa, por decirlo de alguna forma, y en el que el éxito de público no deja de mirarse con cierta desconfianza.

Por eso creo que es importante ahora acercarse a la fantástica exposición del Prado y detenerse a redescubrir a Sorolla como lo que es: un pintor con una técnica absolutamente excepcional, con una capacidad de empatía con sus temas y sus modelos (algunos de sus retratos son auténticas cartas de amor) y que, siempre dentro de una línea figurativa que es cierto que pronto iba a ceder protagonismo a favor de otros movimientos, también fue muy moderno en su arte, con temas, composiciones y técnicas quizá no revolucionarias pero sí muy avanzadas.

Ese descubrimiento e incluso cierta sorpresa han sido mis sensaciones al volver a mirar detenidamente sus cuadros, muchos de ellos conocidos, otros ya casi olvidados y algunos que me ha sorprendido ver ahora. Sensaciones que se refuerzan por la magnitud de la exposición: como les decía son más de cien lienzos que dan una espléndida panorámica de toda la larga y muy productiva carrera de Sorolla y de sus diferentes registros: como retratista, como pintor de desnudos, sus famosísimas escenas de playa o sus paisajes en pequeños y no tan pequeños formatos.

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Uno de los platos fuertes de la exposición es la colección de obras de gran formato (en conjunto son más de setenta metros de cuadros) que Sorolla pintó para la Hispanic Society of America de Nueva York, un pequeño y delicioso museo neoyorquino del que ya les hablaré de él otro día) con cuyo promotor, el magnate Archer Milton Huntington, el pintor trabó una gran amistad que le facilitó un éxito sin precedentes en Estados Unidos.

Se trata de una serie de cuadros sobre regiones y ciudades españolas, con escenas de costumbres espectaculares en todos los casos y de gran calidad en algunos concretos, por ejemplo el titulado Ayamonte, la pesca del atún.


Sin embargo, a mí me han gustado más otras obras, quizá menos espectaculares pero más cercanas, algo más íntimas y generadoras de otro tipo de emociones más personales. Cuadros como sus retratos de alguno de sus más egregios contemporáneos (Madrazo, Pérez Galdós, Echegaray...) en los que casi se puede palpar el respeto mutuo e incluso la admiración; o las escenas en las que capta a los miembros de su propia familia: obras llenas de amor en las que su mujer o sus hijas o incluso sus suegros (atención al maravilloso Los abuelos de mis hijos) son retratados con un cariño que cubre el lienzo tanto más que el óleo.

Uno de ellos me ha resultado especialmente sorprendente, primero como resumen de las cualidades que les comento, pero también por su perfección técnica y la brillante audacia de su composición. Se trataba de Madre:


También sorprendentes son los pocos desnudos que se incluyen en la exposición, dos de ellos sencillamente magníficos y que nos revelan una faceta del autor menos conocida pero en la que, como podemos ver, también fue una primera figura.

Y por supuesto, sus archiconocidas escenas de playa, no por más amables menos hermosas y en las que el dominio de la técnica pictórica es absolutamente abrumador: las aguas, los colores, los cuerpos desnudos, las telas de las velas o de los vestidos mecidos por el viento, los lienzos blancos traspasados por la luz del sol y que casi podemos tocar…

En definitiva, un festín para los que disfruten de la pintura y que justifica, si aun fuese necesario tener una excusa, no sólo que los madrileños nos pasemos por el Prado una vez más, sino incluso aprovechar la ocasión para venir a Madrid y darse un baño en el mar de arte que Sorolla nos brinda en pleno centro de esta ciudad que, este verano, sí tiene playa.

PD.: La exposición estará abierta hasta el próximo 6 de septiembre.

MÁS INFORMACIÓN

La exposición en las página del Museo del Prado.
Museo Sorolla.
Joaquín Sorolla en la wikipedia.
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29.6.09

Jan el-Jalili: una inmersión en el verdadero Egipto

Los viajes a Egipto suelen hacerse en grupo y acompañados por un guía que tendrá dos preocupaciones principales: hacerles pasar por las tiendas en las que él cobra comisión y esconder en la medida de lo posible la realidad del país más allá del maravilloso entorno turístico de los templos, el crucero por el Nilo y las Pirámides.

Por eso, para aquellos a los que les gusta ir un poco más allá de la superficie de los lugares que visitan El Cairo será una buena oportunidad para desprenderse de la “vigilancia” del amable guía y conocer un poco más profundamente la realidad de un país que es tan diferente del nuestro. Y un lugar imprescindible para hacerlo es Jan el-Jalili, el famoso bazar del centro de la ciudad.

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Algunos dirán que difícilmente un mercado tan turístico como el bazar en el centro de El Cairo puede ser un exponente de la realidad de la ciudad. Es cierto que Jan el-Jalili es punto de atención para los turistas y que alguna de sus zonas está inequívocamente pensada para foráneos, pero no lo es menos que, si siguen caminando, si salen de las vías más frecuentadas y se adentran en el laberinto de pequeñas callejuelas, si llegan a la parte del mercado que no está pensada para el visitante ocasional, conocerán una parte de la ciudad que, seguro, les costará olvidar.

Verán cafés con hombres fumando en el exterior, pescaderías que ponen su género a la venta sobre una mesa de madera sin ni tan siquiera una fina capa de hielo, a pesar de la temperatura de más de 40 grados a la sombra; carnicerías en las que los corderos cuelgan enteros de un gancho, con su cuerpo despellejado y su cabeza intacta y que son un auténtico festín para las moscas; tiendas de ropa con túnicas imposibles y pañuelos espantosos adornando a maniquíes de los 70; calles sucias en las que la arena y diferentes formas de basura han vuelto a cubrir la fina capa de asfalto; casas de improbable estabilidad de las que salen niños malvestidos…

Verán, en resumen, la realidad de un país pobre que durante el resto del viaje se habrá estado hurtando a sus ojos.

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Pero no todo es pobreza y sordidez, incluso lo que puede llegar a parecerlo en ocasiones se torna en una agradable sorpresa. Por ejemplo, cuando buscaba un lugar en el que comprar una chilaba de auténtico algodón egipcio (sí, tengo una chilaba el algún rincón del armario) seguí a un hombre que me dijo que en su tienda estaban las mejores de El Cairo.

Yo pensaba que la tienda estaría tras una puerta a nivel de calle, pero para mi sorpresa me encontré siguiendo a un desconocido por unas escaleras y unos pasillos recónditos que me llevaban, pensé yo, a un oscuro logar en el que sin duda iba a ser atracado violentamente y quién sabe si desflorado o simplemente asesinado a golpe de alfanje o quizá usado en algún oscuro ritual faraónico en el mejor estilo de Lovecraft.

Así que, tras atravesar un último pasillo algo más sucio y decrepito que los anteriores
casi me sentí decepcionado por tener que abandonar mi pesadilla gótica y entrar en una tienda espaciosa, con el encantador estilo de los viejos almacenes de paño de los pueblos, con un género de primera y donde fui muy amablemente atendido por tres sonrientes personas que parecían a millones de kilómetros de estar pensando en rituales lovecraftonianos.

También podrá encontrar personajes peculiares, como el simpático vendedor de especias al que compramos un poco de excelente azafrán (tras el correspondiente regateo, por supuesto) y que no nos hablaba ni en inglés ni español (ni por supuesto en árabe que no habríamos entendido nada) sino… ¡en un más que digno catalán! que, según nos contaba emocionado, había aprendido trabajando en Cataluña.

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Estas sorpresas y otras muchas más son Jan el-Jalili, un rincón de El Cairo que, si lo sabe visitar, será mucho más que un escaparate para turistas y también mucho más que un recorrido turístico por la pobreza, será una ventana real a otra forma de vida que podrá ver, oler y palpar antes de volver al oasis occidental de su hotel.
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24.6.09

Museos de Nueva York o razones para visitar la Gran Manzana (II, el MOMA)

El MOMA, Museum of Modern Arts, es probablemente el museo de arte moderno más famoso del mundo y es uno de los grandes reclamos culturales de Nueva York. Cuando visité la ciudad llevaba poco tiempo abierto tras una intensiva renovación su sede en la calle 53 de Manhattan. El nuevo edificio es en sí mismo una muy interesante pieza de arquitectura diseñada por Yoshio Taniguchi que les recomendaría visitar aun cuando no tuviese en su interior una colección fantástica de obras de arte.

Fruto de esta remodelación es un jardín interior que es, sin duda, uno de los lugares con más encanto de Nueva York: un espacio tranquilo y relajante en el que uno puede sentarse o pasear entre obras de Rodin, Picasso, Calder... Era un lugar ideal en el que descansar un poco tras una visita que por su extensión e interés acaba resultando agotadora.

Además de este jardín el museo tiene las salas en las que puede verse una de las mejores colecciones de arte moderno del mundo, entendiendo por moderno el creado desde finales del siglo XIX y durante el XX. La exposición no es excesivamente extensa (aunque sí lo suficiente cómo para considerar al MOMA un gran museo también por su tamaño) pero creo que todas las piezas son de una calidad o un interés incuestionable.

Tiene representación de prácticamente todos los movimientos artísticos que se han ido sucediendo desde el impresionismo de Cezanne, Monet o Van Gogh, hasta lo mejor del cubismo de Picasso, pasando por el expresionismo abstracto de Pollock y Rothko o por estilos que me gustan menos (pero que también tienen su hueco en la historia del arte) como el pop o el surrealismo sin olvidar a otros nombres clave como Duchamp o Hopper.

Tres obras, tres autores, tres periodos

Mis recuerdos de las visitas que realicé al MOMA están dominados por tres grandes obras que me impresionaron de una forma muy especial. La primera de ellas (la colección se puede visitar siguiendo un orden más o menos cronológico) fue la Noche estrellada de Van Gogh.


Creo que el holandés más que un pintor es una fuerza de la naturaleza y un artista mucho más profundo que un simple creador de bellos paisajes. Su técnica es hasta tal punto prodigiosa que llega a hacer de un fondo monocolor una maravilla de detalle, como en el hermosísimo retrato de una Arlesiana.

Tanto esa técnica como su peculiar visión de la naturaleza llegan a un punto inigualable en esta famosa Noche estrellada, sin duda uno de los cuadros más bellos que
jamás se han pintado y que, contemplado de cerca, supone un placer difícil de igualar.

La segunda gran obra que me impactó fue Las señoritas de Avignon, un viejo conocido sobre el que ya había leído bastante y que debo haber contemplado mil veces en otras tantas reproducciones diferentes.

El placer que nos proporcionan las señoritas de Picasso es menos sentimental que el del cuadro de Van Gogh, más intelectual, por así decirlo, pero estando frente a ese lienzo tiene uno la sensación de estar presenciando un salto brutal en la historia del arte, de asistir en ese mismo momento a la creación de algo nuevo, pero con la ventaja de que sabemos la vital importancia que tuvo.

Además, aunque mucha gente no encuentra un goce estético en Picasso, a mí sí que me parece que este es un cuadro singularmente bello, más allá de la revolución artística y la genialidad intelectual que encierra.

Por último, no puedo olvidar las impresionantes obras de Pollock que ocupaban una gran sala en la que estuve un buen rato.
Creo que Pollock y Rothko son la abstracción más pura y más interesante del S XX. Ante cuadros como los suyos la gente suele preguntarse por un significado que sería imposible discernir y que, desde mi modesto punto de vista, no tiene ninguna importancia, ya que son obras más pensadas para transmitir sensaciones que conceptos.

Por otra parte, también suelen ser criticados porque, aparentemente, no tienen la complejidad técnica de una obra figurativa, pero se olvida la dificultad de crear un lenguaje tan personal como el de estos pintores y explorarlo con tanto acierto.

Si alguno de ustedes quiere acercarse a ellos sin prejuicios y entrar en su mundo, los grandes cuadros de Pollock en el MOMA serán una excelente oportunidad, siéntese frente al One: Number 31, mírelo y espere a ver que pasa.



MÁS INFORMACIÓN

Página web del MOMA
.
El MOMA en la wikipedia en español y en inglés.
En este mismo blog: Museos de Nueva York o razones para visitar la Gran Manzana (I, el Metropolitan).
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21.6.09

¿Qué nos hace elegir un destino para viajar?

Veo en la televisión un anuncio particularmente ridículo de un destino de vacaciones y me pregunto si alguien lo elegirá por esa publicidad de calidad cuestionable, pero la pregunta crece y pronto se transforma en algo más complejo: si esa publicidad no lo consigue... ¿qué es lo que nos hace elegir uno u otro destino a la hora de viajar?

Bueno, quizá soy injusto con el mundo de la publicidad si lo juzgo por único anuncio (que además es muy malo), puede que sí influya más en nosotros de lo que nos gusta aceptar pero si miro hacia atrás mis motivaciones para viajar han sido muy diferentes y en ellas no parece haber tenido mucho que ver la publicidad, al menos en sus formas más directas, aunque sí otras cosas como reportajes, artículos, libros... y por supuesto las fotografías que nos permiten ver algo antes de verlo "de verdad".

Esta influencia de textos e imágenes puede extenderse a lo largo de los años, incluso llegar a la madurez desde nuestra más tierna infancia. Les cuento, por ejemplo, que siendo un niño quedé totalmente fascinado por el primer fascículo de una de esas enciclopedias por entregas titulada “Maravillas del Mundo”. Estaba dedicado a Abu Simbel y creo que hay una línea directa entre aquel fascículo en cuya portada se veía el pétreo rostro de Ramses y mi decisión de viajar a Egipto más de 20 años después, donde me encontré con un viejo amigo en forma de increíble templo a la orilla del lago Nasser.

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En otras ocasiones las motivaciones son más prácticas: qué mejor excusa para conocer una ciudad o una zona que tener allí un amigo al que visitar y que, además, nos facilita un alojamiento gratuito. Gracias a este “método” yo conocí Hamburgo y el norte de Alemania y creo que es, sin duda, una de las razones más habituales que nos hace viajar a un lugar concreto.

Siguiendo por lo que se refiere a los amigos, sus consejos y recomendaciones suelen ser otra buena fuente de información que valoramos mucho a la hora de viajar: conocemos una ciudad después de que alguien nos confirme lo bella que es, seleccionamos un hotel porque una persona de confianza nos dice que es bueno y que está limpio, o en ocasiones vencemos nuestros miedos cuando un amigo lo visita y afirma que tal o cual lugar son tan seguros como nuestro propio país.

Por esta razón (además de por la obvia de la profesionalidad) es tan importante que el trato que reciben los visitantes de un lugar sea todo lo exquisito posible: nuestra experiencia tenderá a expandirse por nuestro círculo de amistades que a su vez la referirán a sus propios amigos que, en los mejores y sobre todo en los peores casos, no perderán la oportunidad contar que en tal sitio o en tal hotel ocurrió algo que hace irresistible o impensable viajar allí. Al final, cientos de personas pueden llegar a recibir esta información.

Muchos viajes responden a razones concretas irrepetibles en el tiempo que los hacen adelantarse o atrasarse o incluso sin las cuales no se darían. Los conciertos suelen ser una de esas motivaciones que generan sobre todo viajes cortos de poco más que la imprescindible ida y vuelta, pero en ocasiones también viajes más largos y complejos: por ejemplo yo viajé hace algún tiempo a Roma para asistir a un concierto (Peter Gabriel, para más señas) que tenía lugar en Florencia. Es obvio que habría viajado a Roma de todas formas antes o después, pero aquello precipitó la ocasión de un espléndido viaje.

El clima es otra de las razones principales por las que elegimos un lugar para visitar en detrimento de otros en los que no habrá sol, no nos podremos bañar o se está en plena temporada de huracanes, por poner un ejemplo más extremo.

Esta fue la motivación que me hizo viajar a las canarias hace un año: era el único lugar más o menos cercano que
en el mes de abril me “garantizaba” un clima lo suficientemente veraniego como para que mi pequeña hija disfrutase del sol, la piscina y la playa. Además, Lanzarote fue el destino natural después de una conversación con un compañero de trabajo que, tras explicarle lo que buscaba, señaló sin ninguna duda la isla de Timanfaya.

Por último, en otras ocasiones las razones son más azarosas: una decisión de último momento, un billete de avión muy barato… Y sobre todo suele deberse a una combinación de varios de los factores que hemos venido contándoles y, sí, hasta algún anuncio malo o un modesto blog como este pueden tener su influencia.
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18.6.09

Valle de Lago o el esplendor de Somiedo

El Concejo de Somiedo fue lo primero que conocí de Asturias, hace ya muchos años (¿tantos?) en el que era uno de mis primeros viajes turísticos de verdad. Para alguien acostumbrado a un paisaje muy austero como el castellano o más mediterráneo y “domesticado” como el de la tierra de mis ancestros por Alcoy, el verde intenso de Asturias y su exhuberancia fueron todo un shock, y ese primer contacto resultó inolvidable.

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Tanto que, años después, cuando decidí volver a Asturias, Somiedo era un paso obligado de mi viaje, en parte como una concesión a la nostalgia, pero también seguro de que la belleza de ese rincón del Principado era una apuesta segura.

Y dentro de Somiedo recordaba con especial cariño al pequeño pueblecito de Valle de Lago, el más alto de Asturias pues está situado a unos 1.200 metros, y uno de los que cuenta, creo yo, con un entorno más espectacular, con una naturaleza que parece (y en algunos puntos me atrevería a decir que es) absolutamente virgen.

Está enclavado a unos siete kilómetros montaña arriba de Pola de Somiedo, en la entrada de un precioso valle de origen glaciar que termina en un lago rodeado de picos de más de 2.000 metros (sí, como pueden ver el nombre no ganará el concurso de originalidad).

Desde Valle de Lago parten varias rutas por las que caminar montaña arriba, la más famosa de las cuales es la que les llevará al lago al final del valle, uno de los más grandes de Asturias y, sobre todo, enclavado en un perfecto círculo glaciar que se refleja en sus quitas y oscuras aguas.

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La senda no es excesivamente dura, aunque aquellos que no estén acostumbrados a caminar podrán encontrarla un tanto larga: son unos siete kilómetros de ida y otros tantos de vuelta, con la posibilidad de extenderla un poco más si se dan algunos pequeños rodeos subiendo por las laderas o si, como hicimos el día que estuvimos allí, paseamos también alrededor de la amplia circunferencia del lago.

Por el camino, además de la propia espectacularidad del valle y su perfecta y llamativa forma de U nos iremos encontrando con todo aquello que compone una perfecta estampa turística asturiana: les vaques pastando en aparente libertad por los campos, los teitos con su tejado de ramas, y los espesos bosques de robles y hayas en los que todavía se esconde el oso pardo (y lo hace tan bien que no esperen verlo)…

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En definitiva, un hermoso lugar en el que podemos conocer de cerca la naturaleza asturiana, sin necesidad de ser unos expertos en trekking pero al mismo tiempo con un trayecto cuyo premio final, la llegada al precioso lago desde el que se ve buena parte del valle, nos hará sentirnos orgullosos de nuestro paseo.
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15.6.09

¿Se gastaría usted 350 millones de euros en un avión?

No creo que mucha gente pueda permitirse gastar 350 millones de euros en un avión privado y eso es, exactamente, lo que al parecer ha hecho un príncipe de Arabia Saudita (un tal al-Waleed bin Talal, casualmente el número 13 en la lista de ricos de Forbes) que se ha comprado un Airbus A380 para su uso y disfrute personal, vamos, eso es un avión privado y no los Falcon que utiliza Zapatero.


Pero en una comparación más seria y para que nos hagamos una idea, está bien recordar que el coste de este supejumbo para uso privado será 10 veces lo que cuesta un Boeing Business Jet, al parecer el modelo más popular para este mercado.

Además, hay que tener en cuenta que el precio habitual de un A380 es de unos 250 millones de euros “llave en mano” para un uso comercial normal, así que este exclusivo cliente no sólo se va a comprar el avión más grande del mundo sino que
, además, se va a gastar 100 millones más en “tunearlo”.

Por supuesto, está más equipado que el último BMW, pero claro, el concepto de equipamiento que un príncipe de la Casa de Saud tiene para su avión es ligeramente diferente del que nosotros tenemos para nuestros coches: baño turco, aparcamiento para el Rolls, cinco habitaciones privadas con camas “king size” y 20 habitaciones con camas “normales” para invitados, una pequeña sala de conciertos… y un salón cuyo suelo es una pantalla gigante que va mostrando los lugares por los que se está sobrevolando en cada momento.

Algunos recordarán como hace unas semanas hablábamos de una compañía que se dedica a “tunear” el interior de este tipo de aviones para clientes privados y que aquello nos parecía el colmo del lujo.

Así que ahora el problema es: si aquello era lujo... ¿Cómo llamamos a esto?

PD.1: Vía Gadling.
PD.2: La imagen es del Daily Mail, que ha publicado una completa información al respecto.
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13.6.09

Museos de Nueva York: una razón para visitar la Gran Manzana (I, el Metropolitan)

Si necesitásemos una excusa fina y elegante para hacer un viaje a Nueva York, yo recomendaría exhibir como motivo los museos de la ciudad americana, los más famosos, por supuesto, como el Metropolitan, el MOMA o el Guggenheim, pero también otros más pequeños como la Frick Collection, el Whitney o The Cloisters.

Y es que a pesar de vivir en una ciudad con una oferta museística espectacular como Madrid, la Gran Manzana me dejó absolutamente fascinado, no sólo por la calidad de las colecciones, sencillamente excepcional, sino por los propios museos en sí, por sus edificios, el sentido del espectáculo con el que han sido montadas las exposiciones y, en definitiva, el placer que producen al viajero con inquietudes culturales e incluso al simple curioso.

Foto del usuario de Flickr wallyg

El más grande museo de la ciudad es el Metropolitan, al que los neoyorquinos llaman “el Met”. Está en una inmejorable ubicación: enclavado en Central Park y con sus puertas a la V Avenida que es un apasionante laberinto de pinturas, esculturas y obras de arte en un sentido muy amplio del término.

En sus interminables salas pueden encontrar obras maestras de la historia de la pintura (su colección de cuadros de Picasso es de primera y la de Van Gogh es excepcional) pero también cosas más sorprendentes como el patio de un castillo español (llevado piedra a piedra desde Andalucía hasta allí), una reja de la Catedral de Valladolid (creo que era Valladolid, pero no puedo encontrarla en base de datos así que no se lo aseguro), una habitación diseñada por Frank Lloyd Wright, un jardín chino, estancias de palacios franceses…

Egipto en Nueva York

Probablemente, la palma en cuanto a espectacularidad se la lleva la maravillosa sala en la que está el templo egipcio de Dendur. Sí, tienen un templo egipcio dentro del museo y, además, lo tienen en una inmensa sala con una gigantesca pared de cristal que da a Central Park, de forma que a pesar de estar dentro del edificio la luz es tan agradable como si estuviésemos en el exterior.

Foto de la página web del Metropolitan

Resulta que, como muchos de ustedes sabrán, en Madrid tenemos también un templo egipcio, el de Debod, que como el del Met es un regalo del estado egipcio por la colaboración que España y EEUU prestaron para salvar templos que iban a ser anegados por las aguas de la presa de Asuán. Así que ver la maravillosa forma en la que el templo del Met está instalado hace inevitable que comparemos y, todo hay que decirlo, que admiremos la maestría de los americanos a la hora de hacer de la cultura un maravilloso espectáculo.

¡Pague lo que quiera!

Una de las peculiaridades que más me llamó la atención al visitar el Met fue que el precio de la entrada es… ¡el que usted quiera pagar! Había un precio “recomendado” que era de 15 dólares, pero la entrada era considerada una donación, de forma que cada uno podía “donar” lo que estimase oportuno.

No sé si me pareció más sorprendente esa posibilidad de pasar gratis, la diferencia entre los españoles y los americanos que ese detalle revela (¿se imaginan a alguien pagando en una situación similar en España?) o el hecho de que, pagases lo que pagases, las personas de las taquillas seguían siendo extremadamente encantadoras.

Antes de que me pregunten, les diré que visité el Met tres veces (y una más The Cloisters, que es parte del museo aunque esté en la otra punta de Manhattan), así que en la primera pagué los 15 dólares recomendados, pero en las siguientes no pude resistir la tentación de ahorrar y me quedé en los cinco (tampoco andaba yo muy sobrado de dinero cuando estaba en Nueva York).

Una organización un tanto caótica

Otra diferencia significativa respecto a los grandes museos europeos es la forma en que está organizada la exposición. Las obras están, obviamente, agrupadas en grandes áreas temáticas, pero dentro de ellas no siempre responden a la ubicación lógica a la que estamos acostumbrados, dicho de otra forma: puede haber cuadros de Van Gogh en varias salas y junto con cuadros de otros pintores en lugar de estar agrupadas en una o dos.

Esta diferencia responde a la forma en la que se han ido generando las colecciones: mientras que en el Prado, por ejemplo, la inmensa mayoría de lo expuesto se agrupó en unas colecciones reales a las que luego se han ido añadiendo algunas piezas, la colección del Met es el fruto de numerosas donaciones particulares, y cuando alguien entrega uno de esos legados (algunos de ellos impresionantes) es habitual que se exponga en una sala dedicada al generoso contribuidor.

Desde el punto de vista del visitante es más lógica y cómoda la organización “lineal” de un Prado, pero a mí me gusta ver un gran museo que se ha formado gracias a la generosidad de personajes privados (que es, por otra parte, como se han formado todos los museos en Nueva York) que a través de ese tipo de legado devuelven a la sociedad parte de lo que ésta les ha proporcionado.

Lo más recomendable

La variedad de las obras en el Met y su cantidad es tal que sería muy atrevido por mi parte recomendarles un recorrido detallado, así que lo mejor es que se pasen por la excelente web del museo y la disfruten según sus gustos y preferencias.

Sí que les contaré alguna de las secciones del museo que a mí más me gustaron, por si a alguien le sirve de algo y por el placer de contarlo, claro. En pintura hay dos apartados que me parecieron sobresalientes: el impresionismo y el arte del S XX. El primero es muy completo y, como ya les he comentado, cuenta con varios cuadros definitivamente maravillosos de Van Gogh; el segundo es sencillamente espectacular y tiene, ya se lo he dicho también, una colección de obras de Picasso de lo mejor que he visto.

No dejen de pasar también por el fantástico jardín chino del museo, un remanso de paz (que frase tan tópica, pero qué cierta en este caso) que puede ser además un fantástico lugar para descansar, que los museos pueden llegar a ser un duro ejercicio.

Pasen también por la terraza del edificio, un auténtico museo de escultura al aire libre y con unas vistas incríbles de Central Park y parte de Manhattan.

Y, por supuesto, dediquen el tiempo que merece a la importante colección de arte egipcio, que además del templo del que ya les he hablado cuenta con otras maravillas como la tumba de Perneb, una auténtica mastaba con más de 4000 años de antigüedad que, como otras muchas cosas, ha sido montada allí piedra a piedra.

En definitiva, lo más recomendable es que dedique una buena porción de su visita a Nueva York a conocer el Met, no podrá visitarlo durante las dos o tres semanas que necesitaría para conocerlo bien, pero le aseguro que el tiempo que pase en él estará bien aprovechado.

MÁS INFORMACIÓN
Web del Metropolitan.
Página sobre el museo de la Wikipedia en español.
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9.6.09

Rincones (casi) secretos de Madrid: la iglesia de los PP. Dominicos

Madrid no es lugar de iglesias, la historia de la Villa y Corte, poco más que un villorrio hasta muy tarde, hace que no tengamos una hermosa catedral gótica como muchas ciudades de Castilla y, aunque hay algunas pocas iglesias curiosas por el centro, ninguna es especialmente bella. Y aún lo es menos la Almudena, un engendro catedralicio construido e inaugurado a deshora y que, desde el punto de vista estético, para lo único que sirve es para arruinar uno de los solares más valiosos de la capital y entorpecer una de sus vistas más hermosas.

No sé si todo esto lo tendría Miguel Fisac en la cabeza cuando se puso a diseñar la iglesia de los Padres Dominicos, en lo que entonces eran los alrededores de la ciudad (algo más lejos que las afueras), pero uno diría que sí y que trataba de ponerle cierto remedio. Creo que lo consiguió, al menos desde entonces Madrid tiene una iglesia excepcionalmente bella.

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Sin embargo, supongo que por su situación fuera de las zonas que habitualmente se visitan y lejísimos de las áreas turísticas, muy pocos madrileños conocen esta iglesia, quizá la más bella de Madrid, a pesar de que muy pocos habrán dejado de ver en alguna ocasión su llamativo campanario, justo al borde de una de las principales carreteras de salida de la ciudad.

Entrando en materia, se trata de una iglesia y todo un complejo con distintas dependencias que el famoso arquitecto Miguel Fisac diseñó para la congregación de los Padres Dominicos a mediados de los años 50. En todo él se puede apreciar la arquitectura racionalista y bella de Fisac, depurada al máximo en algunos detalles como una escalera que parece volar sobre el jardín.

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El templo es, sin duda, lo más espectacular del conjunto, aunque su aspecto exterior es discreto y funcional, modesto y diríase que casi escondiendo lo que encontraremos en el interior. El único detalle que destaca es el alto campanario blanco coronado por lo que en la lejanía se ve como una maraña de cables. Pero en cuanto entramos dentro de la iglesia esa impresión de modestia desaparece y nos encontramos ante un templo de un tamaño imponente, casi grandioso y, sobre todo, con una forma muy original que le da unas perspectivas llamativas y muy eficaces.

Sólo tiene una nave con forma de diávolo en cuya parte central se encuentra el altar, que divide la iglesia en dos espacios muy diferenciados: de un lado el lugar donde se sientan los fieles y del otro un gran coro. Tras éste el templo “se cierra” con una enorme vidriera en un estilo muy moderno para los 50 y que todavía hoy nos resulta actual.

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Sobre el altar se abre un lucernario que deja pasar una luz cálida que baña en primer lugar a un Cristo que cuelga desde el techo por unos cables y que parece flotar en mitad de la iglesia, el efecto es sorprendente y, personalmente, me parece bellísimo.

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Como es lógico, gracias al gran lucernario y a su situación “estratégica” según va pasando el día y según se encuentre el sol la iluminación dentro de la iglesia va cambiando sutilmente, siempre dentro de un tono cálido que se va apagando al alejarnos del altar para dejar buena parte del templo en una semipenumbra muy adecuada para la reflexión y la oración.

Otro aspecto que me parece muy llamativo y que refleja sin duda la genialidad del arquitecto es la mezcla de materiales que encontramos dentro de la iglesia: las pareces son de un espartano ladrillo visto (¡en el interior!); el techo está cubierto por unas maderas que aportan un toque de calidez; y además tenemos cemento visto, vidrio… Todo conviviendo en una prodigiosa armonía.

En definitiva, una importante obra arquitectónica, en un estilo que quizá no estemos muy acostumbrados a disfrutar pero que estoy seguro que cualquier persona mínimamente interesada por la arquitectura y el arte sabrá apreciar.

Y SI QUIEREN MÁS INFORMACIÓN

Página de la Fundación Fisac.
Miguel Fisac en la Wikipedia.
Obituario en El Mundo.
Mis fotos de la Iglesia de los Dominicos.
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8.6.09

Algunas oportunidades para viajar gratis, o casi

Rebuscando por la web he encontrado algunas oportunidades interesantes para viajar gratis o casi gratis, siempre que tengamos la suerte, claro, de ser los ganadores de los sorteos en los que voy a recomendarles participar.

Además, incluso aquellos que no crean en el azar tendrán su oportunidad, ya que en uno de los casos se trata más de un concurso que de un sorteo: si son ustedes capaces de encontrar el mejor eslogan para la web Club Última Hora ganarán un viaje para dos personas al Caribe.

Otro mar, otros pueblos y otras culturas muy diferentes son las que podremos conocer en Túnez, y si visitan descubretunez.com y siguen los seis pasos de un sencillo juego quizá sean los afortunados que viajen a ese país del norte de África que es uno de los destinos más conocidos y turísticamente desarrollados del continente.

Y también en África pero literalmente en la otra punta está Sudáfrica, un gran destino para los turistas al que los españoles no le hacemos, probablemente, el caso que merece. Si quiere usted conocerla y por un simple SMS entrará en un sorteo que organiza Hola.com y en el que podría ganar un viaje de lujo a este país en hoteles de cinco estrellas.

Por último, una “oferta” tan peculiar que no sé bien como llamarla: si usted sabe jugar al mus puede embarcarse en un crucero en el que, a cambio de enseñar ese maravilloso juego de cartas a otros viajeros tendrá un descuento impresionante, tal y como le explican en Tiempos de crisis, esa página tan útil para estos días que corren.
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6.6.09

No es broma: a los vuelos de Ryanair habrá que ir con todo hecho

Michael O'Leary tiene muchas virtudes, aunque entre ellas no está seguramente el don de la diplomacia. Hace meses anunció que estudiaba cobrar por usar el baño en los vuelos de su compañía Ryanair, la mayor parte del mundo se lo tomó como una boutade o directamente a risas (incluso en este modesto blog hablamos del tema con un toque humor), pero resulta que no era broma: la tarifa será de un libra, es decir, algo más de un euro.

La cosa va tan en serio como que ya tiene un plazo de puesta en marcha: durante los próximos dos años. Eso sí, por ahora no aclara si el precio vairará dependiendo del uso que se vaya a dar al cuarto de baño...

No sólo eso, O'Leary también quiere eliminar uno de los tres cuartos de baño de sus Boeing 737, con lo que conseguiría seis asientos más en cada viaje. En este caso hay que reconocer que la explicación tiene cierta lógica: la mayor parte los vuelos que hacen estos aviones tienen una duración de alrededor de una hora, no parece que en ese plazo (y dado lo incómodos que tenemos que reconocer que son los minúsculos baños de los aviones) el pasaje se vaya a lanzar desesperadamente a hacer sus necesidades.

Por otra parte, la compañía esta estudiando más formas de sacarle el dinero a sus pasajeros "de a poquitos", como dirían en Argentina: cobrar por las bolsas para el mareo (yo, la verdad, es que esta no se la recomiendo, podría ser una bomba de relojería); y también otras maneras de reducir costos como cambiar el tamaño del equipaje permitido en la cabina para que la mayor parte de los pasajeros se lleven con ellos las maletas y así poder prescindir de operarios de los que se encargan de subirlas y bajarlas al avión.

La verdad es que no entiendo las críticas que recibe Ryanair por este tipo de cosas, por supuesto algunas de las ideas me gustan poco, otras nada y otras no me importan lo más mínimo, pero si la compañía deja claro que a sus aviones hay que subirse "cagao y meao", con perdón, y a la gente no le importa y sigue comprando sus billetes, pues poco más tenemos que decir.

Si no hay engaño, si la relación entre la empresa y el consumidor es transparente, cada uno que elija el nivel de servicio que desee y que pueda pagar. La existencia de empresas como Ryanair supone una opción más que podemos elegir y eso nunca es malo.

Todo esto, claro, siempre que la seguridad no se vea afectada, pero da la casualidad de que la compañía, que ya tiene 24 años, no ha tenido un sólo accidente, lo que no parece una mala estadística.
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31.5.09

El lujo está a su alcance (si tiene usted 9.000 euros)

Los lectores habituales de este blog habrán leído alguno de los artículos que dedico a los hoteles en los que me alojo y que me parecen recomendables, el de hoy no es una recomendación (bueno, quizá sí, pero no creo que muchos de ustedes puedan seguirla) y tampoco me he alojado en este hotel. No obstante, tengo que contarles que he visitado, sólo visitado, una de las mejores suites de Madrid.

Se trata de la nueva Suite Real del hotel InterContinental en Madrid, resultado de una obra de casi un año de duración que la ha convertido en una de las habitaciones de hotel más lujosas y extraordinarias de la capital.

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Son nada más y nada menos que 400 metros cuadrados, 180 de ellos en una espléndida terraza con vistas al paseo de la Castellana y el resto distribuido entre todo tipo de espacios: salón, cocina, comedor, un cuarto de baño cuya ducha es más grande que muchos baños en nuestras casas, un vestidor que podría pasar por dormitorio…

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Si eso no les parece suficiente hay más: servicios como un mayordomo disponible durante 24 horas al día o un coche de alta gama a completa disposición del cliente.

Supongo que ustedes se preguntarán quién puede pagar los 9.000 euros por noche que costará todo esto, la respuesta me la daba el propio Director General del hotel, Christophe Laure, que me acompañó amablemente durante mi visita: miembros de la realeza, grandes estrellas del espectáculo y otros tipos de multimillonarios que en este momento no se me ocurren.

No es un público muy amplio pero tampoco despreciable: Laure nos cuenta durante la visita que esperan una ocupación que, como mínimo, ronde las 40 noches al año. Teniendo en cuenta el precio y que éste tipo de clientes suele conllevar que se ocupen más habitaciones la cifra de negocio empieza a resultar interesante. Por otra parte, una habitación de estas características también tiene otros usos que complementan el puro de alojamiento: espacio para presentación de productos de lujo, para la celebración de fiestas…

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Por lo pronto me confiesaban que ya hay un par de fechas reservadas en el próximo mes de julio, aunque por desgracia no puedo enterarme de quién será el distinguido huésped sí que puedo apostar que disfrutará de una estancia más que confortable, mucho más que confortable.

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Vea la galería de fotos en mi espacio en Flickr.
Artículo más completo en Libertad Digital.
Página web del Hotel InterContinental Madrid
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