La selección de links que les ofrezco en esta ocasión incluye algunas cosas prácticas, algunas galerías de fotos para su deleite y sorpresa y, casualmente, otra referencia al turismo espacial, que cada día ocupa más espacio en los medios (y eso que en realidad todavía no han empezado los viajes).
Pesos, tamaños y medidas del equipaje en los aviones
Ya escribí hace tiempo sobre el tamaño del equipaje de mano en distintas aerolíneas y es un post al que entra gente con cierta frecuencia a través de Google y otros buscadores, así que ya que hay un interés vivo en el tema me parece muy oportuno recomendarles Luggage Limits, una web que se dedica precisamente a contarnos las limitaciones de equipaje de aerolíneas y aeropuertos y que nos permite hacer consultas de una forma muy sencilla.
Vía Diario del viajero.
Con “eso” se llegará al espacio: Virgin Galactic ya tiene aeronave
Un aeronave (no me sale llamar a eso “avión”) que fue presentada hace unos días en California y que ha de llevar a los turistas no sé si exactamente al espacio (creo que la frontera espacial no está muy clara) pero sí a un peculiar territorio: el de la gravedad cero, aunque sólo sea por seis minutos.
Así era Disneyland en los 50 y los 60
Una peculiar y sorprendente galería de fotos de Disneyland en los años 50 y 60, curioso como han cambiado casi todo menos el hecho de que los muñecos tamaño natural ya daban más miedo y mal rollo que otra cosa.
Los árboles más altos del planeta
Y otra galería de fotos, en este caso de “las cosas vivas más altas del planeta”: secuoyas en California (al menos las únicas en las que indica de donde son están en el Paque Estatal Prairie Creek Redwood de ese estado americano). Realmente, a veces la naturaleza es sorprendente y, disculpen la expresión, acojonante.
Los 10 destinos para el 2010, según Lonely Planet
Un listado con los que serán, al menos según la editorial especializada en viajes Lonely Planet, los 10 grandes destinos turísticos para el próximo 2010 (¡para el que sólo quedan 16 días!). La lista está encabezada, y no sé si esto es sorprendente o no, por El Salvador, seguido por Alemania y Grecia. España no está pero sí nuestros vecinos: Marruecos en quinto lugar y Portugal en el octavo.
Celebrar el fin de año… ¡en la Antártida!
La propuesta viajera más absolutamente fastuosa y excesiva para fin de año: un vuelo de Sidney a la Antártida tras el que recibir al 2010 en pleno continente helado escuchando a una banda de jazz… ¿se imaginan algo que matase más de envidia a nuestros amigos y familiares?
Vía Globedia.
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14.12.09
Viajalinks: aerolíneas y maletas, la Antártida, grandes árboles y el pasado de Disneyword
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Viajalinks
7.12.09
Día de niebla de Portomarín a Palas de Rei
Desde el interior del bar en el que nos tomábamos un café y los correspondientes bollos el segundo día de nuestro Camino parecía de lo más amenazante: húmedo, neblinoso y, aparentemente, con la lluvia como una posibilidad cercana.

Así salimos de Portomarín, un tanto preocupados por lo que podría depararnos la climatología y, justo es decirlo, también con un ojo puesto en mi tobillo (lo que son las cosas, ya no recuerdo si era el derecho o el izquierdo) que venía doliéndome desde la tarde anterior y amenazaba con complicar bastante el camino.
La etapa del día debía de llevarnos desde Portomarín a Palas de Rei (unos 25 kilómetros), además había un punto intermedio de importancia: llegar a Ventas de Narón a eso de las 12 para poder hacer desde allí mi conexión con el Estamos de fin de semana de esRadio.
Íbamos, por tanto, mirando al cielo, a mi pie y con prisa, malos ingredientes todos, aunque muy pronto empezamos a disfrutar del paisaje, pues al poco de salir de Portomarín y justo tras cruzar el Miño nos internamos en uno de los tramos más bonitos de todo el Camino, de hecho, en mi recuerdo se conserva como el más hermoso.
El sendero a seguir tomaba una pronunciada pendiente y se internaba en un bosque de grandes árboles viejos, sobre todo robles y castaños. La niebla era muy espesa y lo cubría todo con una capa de irrealidad; la humedad le daba al verde de hojas, plantas y musgos una intensidad y una saturación poco menos que increíbles.

El bosque nos envolvía, el paisaje resultaba mágico.
Así estuvimos andando, peleando con la feroz cuesta y con la prisa y parando lo justo para sacar alguna foto y empaparnos de la naturaleza que nos rodeaba.
Unos kilómetros más adelante, más o menos una hora después, fuimos dejando atrás el bosque y los prados se abrían a nuestros lados completamente cubiertos de niebla, dejándonos ver sólo la silueta, poco menos que fantasmal, de algún árbol solitario.

Y un poco más allá dejamos también la niebla atrás, hecha una espectacular nube en el horizonte y nos dimos de bruces con un día soleado, en el que acabamos pasando casi calor.
Una vez solventado el trámite radiofónico, no sin llegar con cierto agobio al punto prefijado, nos tomamos lo que restaba de etapa con algo más de tranquilidad, comimos en un pequeño restaurante al borde del camino y llegamos a Palas de Rei con tiempo para descansar (sobre todo un servidor que tenía el tobillo como un higo) y para darnos después una estupenda cena.

Ya habíamos hecho dos etapas y andado unos cincuenta kilómetros, las agujetas más espantosas de mi vida habían llegado para quedarse pero seguíamos adelante.
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Mis fotos de paisajes en el camino en Flickr.
Mis fotos de los pueblos en el camino en Flickr. Leer más...

Así salimos de Portomarín, un tanto preocupados por lo que podría depararnos la climatología y, justo es decirlo, también con un ojo puesto en mi tobillo (lo que son las cosas, ya no recuerdo si era el derecho o el izquierdo) que venía doliéndome desde la tarde anterior y amenazaba con complicar bastante el camino.
La etapa del día debía de llevarnos desde Portomarín a Palas de Rei (unos 25 kilómetros), además había un punto intermedio de importancia: llegar a Ventas de Narón a eso de las 12 para poder hacer desde allí mi conexión con el Estamos de fin de semana de esRadio.
Íbamos, por tanto, mirando al cielo, a mi pie y con prisa, malos ingredientes todos, aunque muy pronto empezamos a disfrutar del paisaje, pues al poco de salir de Portomarín y justo tras cruzar el Miño nos internamos en uno de los tramos más bonitos de todo el Camino, de hecho, en mi recuerdo se conserva como el más hermoso.
El sendero a seguir tomaba una pronunciada pendiente y se internaba en un bosque de grandes árboles viejos, sobre todo robles y castaños. La niebla era muy espesa y lo cubría todo con una capa de irrealidad; la humedad le daba al verde de hojas, plantas y musgos una intensidad y una saturación poco menos que increíbles.

El bosque nos envolvía, el paisaje resultaba mágico.
Así estuvimos andando, peleando con la feroz cuesta y con la prisa y parando lo justo para sacar alguna foto y empaparnos de la naturaleza que nos rodeaba.
Unos kilómetros más adelante, más o menos una hora después, fuimos dejando atrás el bosque y los prados se abrían a nuestros lados completamente cubiertos de niebla, dejándonos ver sólo la silueta, poco menos que fantasmal, de algún árbol solitario.

Y un poco más allá dejamos también la niebla atrás, hecha una espectacular nube en el horizonte y nos dimos de bruces con un día soleado, en el que acabamos pasando casi calor.
Una vez solventado el trámite radiofónico, no sin llegar con cierto agobio al punto prefijado, nos tomamos lo que restaba de etapa con algo más de tranquilidad, comimos en un pequeño restaurante al borde del camino y llegamos a Palas de Rei con tiempo para descansar (sobre todo un servidor que tenía el tobillo como un higo) y para darnos después una estupenda cena.

Ya habíamos hecho dos etapas y andado unos cincuenta kilómetros, las agujetas más espantosas de mi vida habían llegado para quedarse pero seguíamos adelante.
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19.11.09
Hoteles que me gustaron: El Molino de Alcuneza
Si habitualmente vinculamos el turismo rural con cierto ambiente y un determinado tipo de alojamientos con encanto, después de conocer el Molino de Alcuneza empezaremos a vincularlo también con otra cosa: el lujo o unos servicios propios de un hotel urbano de primera línea.

Eso sí, por lo que se refiere a su ubicacion más rural no puede ser: el pequeño hotel está en Alcuneza, un minúsculo pueblecito muy cerca (a unos tres o cuatro kilómetros) de Sigüenza, la estupenda villa de Guadalajara de la que ya hemos hablado por aquí en alguna ocasión.
Esto lo hace estar a poco más de una hora de Madrid y ser, por tanto, un lugar ideal para un fin de semana desde la capital.
El Molino de Alcuneza tiene ya cierta solera: lleva abierto unos quince años y eso es mucho tiempo dentro de un mercado como el turismo rural que, aunque hoy por hoy se ha desarrollado mucho y bien, es más reciente de lo que en ocasiones recordamos. Desde entonces ha sido un negocio familiar llevado por padres e hijos pero con criterios muy profesionales, es decir, la gestión no es como la de la pensión de la tía Paca, pero el trato sí, en el mejor de los sentidos.
Instalaciones
El hotel está compuesto por dos edificios: el primero es el original, que data nada más y nada menos que del S XV y fue restaurado en 1994. Tiene nueve habitaciones que coinciden bastante con lo que se espera de un hotel rural de este estilo: decoración personal y cuidada, un ambiente cálido…

Además, las zonas comunes también se encuentran en esta área: un gran salón – bar en el que relajarse con una copa y el comedor en el que destaca la presencia del antiguo molino harinero que todavía se pone en marcha cuando el río lleva la suficiente agua.

El otro edificio es mucho más moderno, se construyó hace unos pocos años, y tiene siete suites y una gran suite, todas decoradas y concebidas con una idea más moderna, quizá un punto más fría y menos personal pero igualmente cuidada y con niveles de confort todavía más elevados.
Lo bueno de esta peculiar concepción doble es que permite al cliente elegir qué le apetece: el ambiente más personal y más “rural” del edificio original o el más moderno y “estiloso” del nuevo, todo en un entorno campestre, relajante y muy lejano al bullicio de la gran ciudad.
Algún lujo más
Lo mejor de la ampliación del hotel es que ha permitido dotarlo de algún servicio extra que los clientes realmente apreciarán (aunque yo no tuve tiempo de disfrutarlo). Me estoy refiriendo, sobre todo, a la pequeña pero deliciosa zona de spa, que incluye sauna, baño turco, un fantástico jacuzzi para dos o tres personas e incluso una zona de masaje atendida por una profesional.

En definitiva, y como les contaba al principio, el Molino de Alcuneza es una peculiar mezcla de ideas y estilos cuyo resultado final es un hotel de bastante calidad que ofrece a sus clientes un poco más de lo que es habitual encontrar incluso en la banda alta del turismo rural.
Una opción muy interesante para escapar un fin de semana de la locura de Madrid, para un encuentro de empresa (muy habituales según me contaron) y, por supuesto, para conocer una comarca con lugares muy interesantes como la propia Sigüenza, las Salinas de Imón o Atienza.
MÁS
Web del hotel Molino del Alcuneza.
Mis fotos del hotel en Flickr.
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Eso sí, por lo que se refiere a su ubicacion más rural no puede ser: el pequeño hotel está en Alcuneza, un minúsculo pueblecito muy cerca (a unos tres o cuatro kilómetros) de Sigüenza, la estupenda villa de Guadalajara de la que ya hemos hablado por aquí en alguna ocasión.
Esto lo hace estar a poco más de una hora de Madrid y ser, por tanto, un lugar ideal para un fin de semana desde la capital.
El Molino de Alcuneza tiene ya cierta solera: lleva abierto unos quince años y eso es mucho tiempo dentro de un mercado como el turismo rural que, aunque hoy por hoy se ha desarrollado mucho y bien, es más reciente de lo que en ocasiones recordamos. Desde entonces ha sido un negocio familiar llevado por padres e hijos pero con criterios muy profesionales, es decir, la gestión no es como la de la pensión de la tía Paca, pero el trato sí, en el mejor de los sentidos.
Instalaciones
El hotel está compuesto por dos edificios: el primero es el original, que data nada más y nada menos que del S XV y fue restaurado en 1994. Tiene nueve habitaciones que coinciden bastante con lo que se espera de un hotel rural de este estilo: decoración personal y cuidada, un ambiente cálido…

Además, las zonas comunes también se encuentran en esta área: un gran salón – bar en el que relajarse con una copa y el comedor en el que destaca la presencia del antiguo molino harinero que todavía se pone en marcha cuando el río lleva la suficiente agua.

El otro edificio es mucho más moderno, se construyó hace unos pocos años, y tiene siete suites y una gran suite, todas decoradas y concebidas con una idea más moderna, quizá un punto más fría y menos personal pero igualmente cuidada y con niveles de confort todavía más elevados.
Lo bueno de esta peculiar concepción doble es que permite al cliente elegir qué le apetece: el ambiente más personal y más “rural” del edificio original o el más moderno y “estiloso” del nuevo, todo en un entorno campestre, relajante y muy lejano al bullicio de la gran ciudad.
Algún lujo más
Lo mejor de la ampliación del hotel es que ha permitido dotarlo de algún servicio extra que los clientes realmente apreciarán (aunque yo no tuve tiempo de disfrutarlo). Me estoy refiriendo, sobre todo, a la pequeña pero deliciosa zona de spa, que incluye sauna, baño turco, un fantástico jacuzzi para dos o tres personas e incluso una zona de masaje atendida por una profesional.

En definitiva, y como les contaba al principio, el Molino de Alcuneza es una peculiar mezcla de ideas y estilos cuyo resultado final es un hotel de bastante calidad que ofrece a sus clientes un poco más de lo que es habitual encontrar incluso en la banda alta del turismo rural.
Una opción muy interesante para escapar un fin de semana de la locura de Madrid, para un encuentro de empresa (muy habituales según me contaron) y, por supuesto, para conocer una comarca con lugares muy interesantes como la propia Sigüenza, las Salinas de Imón o Atienza.
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Web del hotel Molino del Alcuneza.
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14.11.09
De Sarria a Portomarín, caminando entre prados
Para aquellos que hacemos el Camino en su versión “mini” y empezamos a “sólo” 112 kilómetros de Santiago, la primera etapa son los 25 kilómetros, aproximadamente, que separan Sarria de Portomarín. No es el día más complicado de este tramo final del camino y, por el contrario, resultó bastante gratificante aunque, como en las demás, llegase al final hecho una auténtica piltrafilla.

Curiosamente, empezamos a andar con algo de frío (y eso que no madrugamos), aunque el cielo estaba completamente despejado la temperatura era baja y nada nos hacía prever que pasaríamos la mayor parte del día en mangas de camisa. De hecho, creo que lo más destacado de ese día (y de buena parte de los siguientes) fue disfrutar en el mes de octubre de un tiempo casi más propio de agosto, al menos en Galicia.
El Camino salía de Sarria por la parte alta de la población (la más bonita, por cierto) y tras uno primeros tramos más dubitativos se empinaba notablemente en mitad de un bosque y, ya en una parte más alta, se adentraba en el paisaje por el que íbamos a estar andando a lo largo de todo el día: zonas de orografía suave en las que se iban alternando regularmente los prados y las zonas boscosas.
En mitad de la cuesta, por cierto, se encontraba uno de los árboles más hermosos que íbamos a ver en los cinco días de viaje y, como todavía no estaba muy desecho por el cansancio, paré a hacerle la correspondiente fotografía.

Una de las diferencias de esta etapa del camino es que casi todos los bosques son de castaño o roble, mientras que en los días siguientes lo más habitual eran los eucaliptos que forman arboledas muy agradables pero, para mi gusto, algo menos bonitas, supongo que por ser menos frondosas o quizá porque se trata de árboles que, de puro rectos, resultan menos fotogénicos.
Momento culminantes del día fue la comida, no tanto por el menú, que la verdad es que no estuvo nada mal y por un precio más que razonable, sino por el lugar que encontramos y que es, sin duda, una de mis recomendaciones más claras de los cinco días de camino: la Bodeguilla de Mercadoiro.
Se trata de un restaurante situado junto al camino y con un bonito toque modernorural, una terraza la mar de agradable para comer y, sobre todo, una maravillosa pradera de césped en la que relajarse al sol una vez cumplido el trámite de llenar la panza.
Compartíamos espacio con un grupo de peregrinos, jóvenes extranjeros y guitarreantes (aunque hay que reconocer que bastante tranquilos y hasta simpáticos), y un par de niños más porculeros a los que perfectamente les habríamos podido cantar el famoso verso de Serrat: “Niño, deja ya de joder con la pelota”.
Pero ni los chavales gritones consiguieron romper el apacible encanto del césped, las hermosas vistas y el sol tibio que hicieron que ponerse en marcha de nuevo fuese un esfuerzo infernal para superar una pereza poco menos que inmensa.
De lo que quedaba de etapa lo más llamativo, además de descubrir que con unos cuantos kilómetros en las piernas las bajadas son casi peor que las subidas, fue la llegada a Portomarín, un pueblo desplazado por el embalse del Miño que tiene a su vera y al que se entra a través de un elevado puente en el que, cuando el agua está baja, se ven los restos de otro mucho más antiguo por el que a sabe cuántos peregrinos debieron pasar.
Como el actual Portomarín es nuevo no tiene el encanto de otros pueblos del Camino, no es que sea feo, que no lo es en absoluto, pero sí le falta algo o tiene cierta artificiosidad que quizá no percibiríamos si no conociésemos la historia pero que, sabiéndola, es inevitable sentir.
Eso sí, en el centro de la plaza está San Nicolás, la peculiar iglesia – fortaleza que afortunadamente no olvidaron en la vieja ubicación del pueblo (fue traída piedra a piedra desde allí, como un templo egipcio que huyese de la presa de Asuán) y que, además de detalles hermosos como la decoración de su puerta, tiene una particular e interesante belleza en su forma, mitad de ermita mitad de castillo.

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Curiosamente, empezamos a andar con algo de frío (y eso que no madrugamos), aunque el cielo estaba completamente despejado la temperatura era baja y nada nos hacía prever que pasaríamos la mayor parte del día en mangas de camisa. De hecho, creo que lo más destacado de ese día (y de buena parte de los siguientes) fue disfrutar en el mes de octubre de un tiempo casi más propio de agosto, al menos en Galicia.
El Camino salía de Sarria por la parte alta de la población (la más bonita, por cierto) y tras uno primeros tramos más dubitativos se empinaba notablemente en mitad de un bosque y, ya en una parte más alta, se adentraba en el paisaje por el que íbamos a estar andando a lo largo de todo el día: zonas de orografía suave en las que se iban alternando regularmente los prados y las zonas boscosas.
En mitad de la cuesta, por cierto, se encontraba uno de los árboles más hermosos que íbamos a ver en los cinco días de viaje y, como todavía no estaba muy desecho por el cansancio, paré a hacerle la correspondiente fotografía.

Una de las diferencias de esta etapa del camino es que casi todos los bosques son de castaño o roble, mientras que en los días siguientes lo más habitual eran los eucaliptos que forman arboledas muy agradables pero, para mi gusto, algo menos bonitas, supongo que por ser menos frondosas o quizá porque se trata de árboles que, de puro rectos, resultan menos fotogénicos.
Momento culminantes del día fue la comida, no tanto por el menú, que la verdad es que no estuvo nada mal y por un precio más que razonable, sino por el lugar que encontramos y que es, sin duda, una de mis recomendaciones más claras de los cinco días de camino: la Bodeguilla de Mercadoiro.
Se trata de un restaurante situado junto al camino y con un bonito toque modernorural, una terraza la mar de agradable para comer y, sobre todo, una maravillosa pradera de césped en la que relajarse al sol una vez cumplido el trámite de llenar la panza.
Compartíamos espacio con un grupo de peregrinos, jóvenes extranjeros y guitarreantes (aunque hay que reconocer que bastante tranquilos y hasta simpáticos), y un par de niños más porculeros a los que perfectamente les habríamos podido cantar el famoso verso de Serrat: “Niño, deja ya de joder con la pelota”.
Pero ni los chavales gritones consiguieron romper el apacible encanto del césped, las hermosas vistas y el sol tibio que hicieron que ponerse en marcha de nuevo fuese un esfuerzo infernal para superar una pereza poco menos que inmensa.
De lo que quedaba de etapa lo más llamativo, además de descubrir que con unos cuantos kilómetros en las piernas las bajadas son casi peor que las subidas, fue la llegada a Portomarín, un pueblo desplazado por el embalse del Miño que tiene a su vera y al que se entra a través de un elevado puente en el que, cuando el agua está baja, se ven los restos de otro mucho más antiguo por el que a sabe cuántos peregrinos debieron pasar.
Como el actual Portomarín es nuevo no tiene el encanto de otros pueblos del Camino, no es que sea feo, que no lo es en absoluto, pero sí le falta algo o tiene cierta artificiosidad que quizá no percibiríamos si no conociésemos la historia pero que, sabiéndola, es inevitable sentir.
Eso sí, en el centro de la plaza está San Nicolás, la peculiar iglesia – fortaleza que afortunadamente no olvidaron en la vieja ubicación del pueblo (fue traída piedra a piedra desde allí, como un templo egipcio que huyese de la presa de Asuán) y que, además de detalles hermosos como la decoración de su puerta, tiene una particular e interesante belleza en su forma, mitad de ermita mitad de castillo.

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8.11.09
Viajalinks: de los pueblecitos de Madrid al espacio y, si es necesario, en pareja
Nuestra sección semanal de links nos lleva hoy a cosas tan distintas como los pequeños pueblos de Madrid que siguen guardando ese carácter rural que parece tan lejano en la capital… y el primer hotel en el espacio exterior, que abrirá en 2012 y va adelantando algunos datos curiosos.
Turismo rural al lado de Madrid, pero rural rural, oiga
No es por hacerle la pelota al director de Estamos en fin de semana, Pedro Madera, pero su reportaje en el Ocho Leguas de El Mundo sobre la madrileña localidad de Campo Real está bastante bien y, sobre todo, es una de esas cosa que nos recuerda que no hace falta volar 14 horas a un paraíso tropical para hacer turismo.
Al espacio exterior
Y a los que no haya convencido con mi defensa del turismo cercano tendrán muy pronto (o al menos más pronto de lo que casi todos esperábamos) la posibilidad de viajar nada más y nada menos que al espacio exterior. Por tres o cuatro millones de dólares de nada podrán volar (bueno, orbitar) a 48.000 kilómetros por hora y ver 15 amaneceres cada día.
Trucos para viajar en pareja… y seguir siendo pareja
¿Cuántas parejas no se habrán roto tras un viaje demasiado ambicioso o no suficientemente pensado? La gente de Gadling, preocupada por nuestra estabilidad sentimental nos pasa una serie de razonables consejos sobre los viajes en pareja. Yo de ustedes los seguiría, por si acaso (en ingles).
Cosas que NO hay que hacer en París...
A pesar de que todo el mundo las haga: una curiosa y divertida provocación sobre los topicazos de París en la que se proponen ideas tan “rompedoras” como que no hay que ir a ver la Monalisa. Con algunas estoy de acuerdo, pero en mi modesta opinión no deben dejar de subir a la Torre Eiffel ni de hacer el crucero por el Sena (en ingles).
La queimada y sus conjuros
También en Matador, como el anterior (siento la repetición), un curioso artículo sobre la queimada gallega, en esa línea de cosas que me gustan por descubrir cómo se habla de nosotros por ahí fuera. En este caso concreto, creo que o bien el escritor se lo ha creído demasiado o bien exagera un poco para que quede mejor, pero vale la pena leerlo (en ingles).
El turismo del Muro de Berlín
Una de las mayores vergüenzas del mundo durante casi treinta años se ha convertido, ahora que ya no está físicamente en pie, en un peculiar reclamo turístico que es, probablemente, una de las rutas más seguidas de Berlín. Este 9 de noviembre se cumplen veinte años desde el maravilloso día de su caída y es un buen momento para asomarse a los principales puntos de esta ruta: nos los ofrece en un reportaje breve pero interesante Diario del Viajero. Leer más...
Turismo rural al lado de Madrid, pero rural rural, oiga
No es por hacerle la pelota al director de Estamos en fin de semana, Pedro Madera, pero su reportaje en el Ocho Leguas de El Mundo sobre la madrileña localidad de Campo Real está bastante bien y, sobre todo, es una de esas cosa que nos recuerda que no hace falta volar 14 horas a un paraíso tropical para hacer turismo.
Al espacio exterior
Y a los que no haya convencido con mi defensa del turismo cercano tendrán muy pronto (o al menos más pronto de lo que casi todos esperábamos) la posibilidad de viajar nada más y nada menos que al espacio exterior. Por tres o cuatro millones de dólares de nada podrán volar (bueno, orbitar) a 48.000 kilómetros por hora y ver 15 amaneceres cada día.
Trucos para viajar en pareja… y seguir siendo pareja
¿Cuántas parejas no se habrán roto tras un viaje demasiado ambicioso o no suficientemente pensado? La gente de Gadling, preocupada por nuestra estabilidad sentimental nos pasa una serie de razonables consejos sobre los viajes en pareja. Yo de ustedes los seguiría, por si acaso (en ingles).
Cosas que NO hay que hacer en París...
A pesar de que todo el mundo las haga: una curiosa y divertida provocación sobre los topicazos de París en la que se proponen ideas tan “rompedoras” como que no hay que ir a ver la Monalisa. Con algunas estoy de acuerdo, pero en mi modesta opinión no deben dejar de subir a la Torre Eiffel ni de hacer el crucero por el Sena (en ingles).
La queimada y sus conjuros
También en Matador, como el anterior (siento la repetición), un curioso artículo sobre la queimada gallega, en esa línea de cosas que me gustan por descubrir cómo se habla de nosotros por ahí fuera. En este caso concreto, creo que o bien el escritor se lo ha creído demasiado o bien exagera un poco para que quede mejor, pero vale la pena leerlo (en ingles).
El turismo del Muro de Berlín
Una de las mayores vergüenzas del mundo durante casi treinta años se ha convertido, ahora que ya no está físicamente en pie, en un peculiar reclamo turístico que es, probablemente, una de las rutas más seguidas de Berlín. Este 9 de noviembre se cumplen veinte años desde el maravilloso día de su caída y es un buen momento para asomarse a los principales puntos de esta ruta: nos los ofrece en un reportaje breve pero interesante Diario del Viajero. Leer más...
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3.11.09
Las Salinas de Imón: sorpresa blanca en pleno campo castellano
Hace unas semanas estuve dando un paseo por tierras de Guadalajara para preparar una de mis intervenciones en Estamos de fin de semana. Ya conocía Sigüenza, que fue el principal protagonista del reportaje radiofónico, pero me llevé un par de agradabilísimas sorpresas en sus alrededores y una de ellas fueron las Salinas de Imón, un singular lugar en mitad de un paisaje muy castellano en el que la sal pone una inesperada nota blanca.

Se trata de un lugar muy antiguo o que, al menos, se explota desde hace muchos siglos: los romanos fueron los primeros en aprovechar las virtudes del Río Salado que, como cabría esperar por su nombre, es el que da origen a este peculiar paisaje o, más exactamente, el que ha permitido al hombre crearlo.
Además, desde entonces en Imón ha venido obteniéndose sal hasta hace bien poco y, de hecho, en los últimos dos o tres años se vuelven a explotar en parte, aunque en cantidades muchísimo más modestas que en sus mejores momentos, por ejemplo cuando gracias al diezmo de estas Salinas pudo levantarse un edificio tan notable como la catedral de Sigüenza.
El visitante atento percibirá ambas cosas: la importancia que tuvieron las salinas en su momento (sólo hay que fijarse en el imponente tamaño que tienen) y su completa decadencia que es, desde mi punto de vista, una parte de su romántico encanto: todo tiene una sensación de semi-abandono ruinoso que, junto con la soledad que suele respirarse (lo más se cruza uno con un par de curiosos aquí y otro allá) le confieren un aire muy especial.

Un ambiente al que contribuyen y no poco los viejos almacenes, que también impactan por su tamaño, o las curiosas construcciones circulares en mitad de las salinas, unos y otros prácticamente derruidos pero dando todavía una impresión bastante certera de la importancia que debería tener el lugar y la cantidad de gente que debería trabajar allí.
Hay algo en todas estas ruinas que transmite también una indefinible sensación de abandono precipitado, no sé por qué, pero las viejas maquinarias de madera corroída por la sal me daban la sensación de haber sido abandonadas de forma súbita, como por sorpresa, como si ellas mismas esperasen ponerse de nuevo en marcha de un momento a otro… desde hace decenas de años.

Por supuesto, todo esto enmarcado en un paisaje blanco que nos llama poderosamente la atención, probablemente porque no estamos acostumbrados a encontrarnos lugares similares en el interior y menos aún en mitad de los áridos campos castellanos, aunque la verdad es que no es algo tan infrecuente como podríamos pensar.
Un paisaje, por cierto, con grandes posibilidades fotográficas que lamentablemente no pude exprimir por falta de tiempo (siempre con la maldita prisa) pero que resultaba muy estimulante, tanto abriendo el foco y mostrando lo extraño del pequeño mar de sal en su entorno, como cerrándolo para centrarse en la propia sal y en las formas caprichosas que puede llegar a tomar.

Todo eso, claro, con mucho cuidado para sobreponerse a la locura que tanto blanco y tanto brillo causarán en el fotómetro de nuestra cámara.
MÁS
Mis fotos de las Salinas de Imón
Otro reportaje sobre el lugar
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Se trata de un lugar muy antiguo o que, al menos, se explota desde hace muchos siglos: los romanos fueron los primeros en aprovechar las virtudes del Río Salado que, como cabría esperar por su nombre, es el que da origen a este peculiar paisaje o, más exactamente, el que ha permitido al hombre crearlo.
Además, desde entonces en Imón ha venido obteniéndose sal hasta hace bien poco y, de hecho, en los últimos dos o tres años se vuelven a explotar en parte, aunque en cantidades muchísimo más modestas que en sus mejores momentos, por ejemplo cuando gracias al diezmo de estas Salinas pudo levantarse un edificio tan notable como la catedral de Sigüenza.
El visitante atento percibirá ambas cosas: la importancia que tuvieron las salinas en su momento (sólo hay que fijarse en el imponente tamaño que tienen) y su completa decadencia que es, desde mi punto de vista, una parte de su romántico encanto: todo tiene una sensación de semi-abandono ruinoso que, junto con la soledad que suele respirarse (lo más se cruza uno con un par de curiosos aquí y otro allá) le confieren un aire muy especial.

Un ambiente al que contribuyen y no poco los viejos almacenes, que también impactan por su tamaño, o las curiosas construcciones circulares en mitad de las salinas, unos y otros prácticamente derruidos pero dando todavía una impresión bastante certera de la importancia que debería tener el lugar y la cantidad de gente que debería trabajar allí.
Hay algo en todas estas ruinas que transmite también una indefinible sensación de abandono precipitado, no sé por qué, pero las viejas maquinarias de madera corroída por la sal me daban la sensación de haber sido abandonadas de forma súbita, como por sorpresa, como si ellas mismas esperasen ponerse de nuevo en marcha de un momento a otro… desde hace decenas de años.

Por supuesto, todo esto enmarcado en un paisaje blanco que nos llama poderosamente la atención, probablemente porque no estamos acostumbrados a encontrarnos lugares similares en el interior y menos aún en mitad de los áridos campos castellanos, aunque la verdad es que no es algo tan infrecuente como podríamos pensar.
Un paisaje, por cierto, con grandes posibilidades fotográficas que lamentablemente no pude exprimir por falta de tiempo (siempre con la maldita prisa) pero que resultaba muy estimulante, tanto abriendo el foco y mostrando lo extraño del pequeño mar de sal en su entorno, como cerrándolo para centrarse en la propia sal y en las formas caprichosas que puede llegar a tomar.

Todo eso, claro, con mucho cuidado para sobreponerse a la locura que tanto blanco y tanto brillo causarán en el fotómetro de nuestra cámara.
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2.11.09
Viajalinks: Madrid tiene “bad rap”
La selección de enlaces de esta semana nos lleva desde Madrid, que para nuestra sorpresa tiene "Bad Rap" hasta Babia, pasando por los mejores hoteles del mundo o por el nuevo "hermano pequeño" del Transcantábrico que FEVE va a poner en marcha. Y de postre, setas.
Madrid, una ciudad con “bad rap”, pero que merece la pena
Jaunted.com elige 5 destinos con “bad rap” a los que merece la pena ir: Oackland, Detroit, Nápoles, Kingston (Jamaica) y, sorpresa, Madrid. Bad Rap Una expresión que podríamos traducir por “mala fama” por dos razones: por ser un “paraíso de los ladrones” (yo esto lo veo un poco exagerado) y, literalmente, porque “muchos de los hombres son patanes lascivos”, lo que aleja a las mujeres que viajan solas.
Eso sí la conclusión es que merece la pena ir porque es una ciudad bonita, llena de arte impresionante en la que se come muy bien y hay mucha marcha.
Los ingleses están en Babia
El periódico británico The Guardian dedica un bonito reportaje nada más y nada menos que a la región de Babia, en León, uno de los grandes olvidados de España. Llamativo e interesante para descubrir si España todavía puede ser algo así como exótica.
Los ocho rostros de Bruselas
En el suplemento de viajes de El Mundo encontramos un artículo a Bruselas, una ciudad que los lectores de este blog ya “conocen” y que en este caso se ha dividido en ocho “rostros”, desde el institucional del “barrio europeo”, hasta el de las viñetas o el de la buena vida.
Los mejores hoteles del mundo
La tradicional clasificación de Travel&Leiure con los mejores hoteles del mundo agrupados por zonas se ha hecho pública y en Diario del Viajero nos resumen lo más importante de la lista. Envidiosos abstenerse.
Jornadas gastronómicas en Castilla y León sobre las setas
Aprovechando que el otoño es época de hongos y demás un buen grupo de restaurantes de Castilla y León (pueden ver aquí el listado completo) celebran durante esta semana unas jornadas gastronómicas de esas en las que a uno le gustaría entrar con cinco kilos de menos.
El expreso de la Robla se pone en marcha, por fin
Tras un cierto retraso FEVE pone en marcha en este mes de noviembre el Expreso de la Robla, un tres turístico a imagen y semejanza del Transcantábrico que llevará a sus pasajeros de Bilbao a León en invierno y de Gijón a Santiago en verano, en un trayecto de cinco días. Por supuesto, además hay visitas turísticas, comidas y cenas en buenos restaurantes… vamos, todo un lujo para los amantes del tren.
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Madrid, una ciudad con “bad rap”, pero que merece la pena
Jaunted.com elige 5 destinos con “bad rap” a los que merece la pena ir: Oackland, Detroit, Nápoles, Kingston (Jamaica) y, sorpresa, Madrid. Bad Rap Una expresión que podríamos traducir por “mala fama” por dos razones: por ser un “paraíso de los ladrones” (yo esto lo veo un poco exagerado) y, literalmente, porque “muchos de los hombres son patanes lascivos”, lo que aleja a las mujeres que viajan solas.
Eso sí la conclusión es que merece la pena ir porque es una ciudad bonita, llena de arte impresionante en la que se come muy bien y hay mucha marcha.
Los ingleses están en Babia
El periódico británico The Guardian dedica un bonito reportaje nada más y nada menos que a la región de Babia, en León, uno de los grandes olvidados de España. Llamativo e interesante para descubrir si España todavía puede ser algo así como exótica.
Los ocho rostros de Bruselas
En el suplemento de viajes de El Mundo encontramos un artículo a Bruselas, una ciudad que los lectores de este blog ya “conocen” y que en este caso se ha dividido en ocho “rostros”, desde el institucional del “barrio europeo”, hasta el de las viñetas o el de la buena vida.
Los mejores hoteles del mundo
La tradicional clasificación de Travel&Leiure con los mejores hoteles del mundo agrupados por zonas se ha hecho pública y en Diario del Viajero nos resumen lo más importante de la lista. Envidiosos abstenerse.
Jornadas gastronómicas en Castilla y León sobre las setas
Aprovechando que el otoño es época de hongos y demás un buen grupo de restaurantes de Castilla y León (pueden ver aquí el listado completo) celebran durante esta semana unas jornadas gastronómicas de esas en las que a uno le gustaría entrar con cinco kilos de menos.
El expreso de la Robla se pone en marcha, por fin
Tras un cierto retraso FEVE pone en marcha en este mes de noviembre el Expreso de la Robla, un tres turístico a imagen y semejanza del Transcantábrico que llevará a sus pasajeros de Bilbao a León en invierno y de Gijón a Santiago en verano, en un trayecto de cinco días. Por supuesto, además hay visitas turísticas, comidas y cenas en buenos restaurantes… vamos, todo un lujo para los amantes del tren.
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28.10.09
Ver las auroras boreales (y a ser posible verlas así)
Uno de mis sueños viajeros que aun no he podido cumplir es contemplar una aurora boreal, no sé si me atrae el frío paisaje del norte por la posibilidad de ver ese fenómeno o mi deseo de contemplarlo es una parte más de mi atracción por los parajes llenos de nieve al norte de Europa o América.
Imagen del usuario de Flickr svelo
El caso es que me ha llegado una nota de prensa al trabajo y, aunque por motivos que ahora no vienen al caso no suelo prestar mucha atención a las cosas sobre turismo que llegan allí, ésta ha captado casi instantáneamente mi mirada. Se trata de la llamativa propuesta que Visit Finland nos hace, precisamente, para contemplar las auroras boreales: nada más y nada menos que un hotel especializado en el tema: el Aurora Chalet.
¿Cómo puede un hotel especializarse en auroras boreales? Pues en primer lugar ha de encontrarse muy al norte, más allá de donde Cristo perdió el gorro en dirección al círculo polar Ártico; en segundo lugar, no viene nada mal que todas las habitaciones del hotel estén orientadas al norte; y, por último, unas grandes ventanas harán la cosa de lo más agradable y confortable.

Por supuesto, son virtudes que atesora el Aurora Chalet, que además se preocupa de alertar por teléfono a sus clientes cuando aparece el imprevisible y caprichoso fenómeno. Un par de detalles extra para que la envidia nos salga por los poros: todas las habitaciones tienen su propia sauna en el baño y la mitad chimenea, para que la experiencia romántica ya sea completamente de película.
Además, y por si no tenemos suerte con las auroras o en caso de que deseemos hacer algo por el día el hotel ofrece una serie de actividades propias de la zona: rutas en trineo de huskies, pesca en hielo, visitas a granjas de reno o paseos con raquetas de nieve.
Y para colmo de comodidad no es necesario llevar mucho equipaje puesto que allí nos prestan todo el equipo que podamos necesitar. (chaquetas de nieve, botas, monos térmicos.
Teniendo en cuenta que la mejor época para ver las auroras es durante el invierno… ¿alguien se apunta?
MÁS
Visit Finland – Turismo de Finlandia
Ahora Chalet Hotel
Las auroras en la Wikipedia
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Imagen del usuario de Flickr sveloEl caso es que me ha llegado una nota de prensa al trabajo y, aunque por motivos que ahora no vienen al caso no suelo prestar mucha atención a las cosas sobre turismo que llegan allí, ésta ha captado casi instantáneamente mi mirada. Se trata de la llamativa propuesta que Visit Finland nos hace, precisamente, para contemplar las auroras boreales: nada más y nada menos que un hotel especializado en el tema: el Aurora Chalet.
¿Cómo puede un hotel especializarse en auroras boreales? Pues en primer lugar ha de encontrarse muy al norte, más allá de donde Cristo perdió el gorro en dirección al círculo polar Ártico; en segundo lugar, no viene nada mal que todas las habitaciones del hotel estén orientadas al norte; y, por último, unas grandes ventanas harán la cosa de lo más agradable y confortable.

Por supuesto, son virtudes que atesora el Aurora Chalet, que además se preocupa de alertar por teléfono a sus clientes cuando aparece el imprevisible y caprichoso fenómeno. Un par de detalles extra para que la envidia nos salga por los poros: todas las habitaciones tienen su propia sauna en el baño y la mitad chimenea, para que la experiencia romántica ya sea completamente de película.
Además, y por si no tenemos suerte con las auroras o en caso de que deseemos hacer algo por el día el hotel ofrece una serie de actividades propias de la zona: rutas en trineo de huskies, pesca en hielo, visitas a granjas de reno o paseos con raquetas de nieve.
Y para colmo de comodidad no es necesario llevar mucho equipaje puesto que allí nos prestan todo el equipo que podamos necesitar. (chaquetas de nieve, botas, monos térmicos.
Teniendo en cuenta que la mejor época para ver las auroras es durante el invierno… ¿alguien se apunta?
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Visit Finland – Turismo de Finlandia
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25.10.09
De Sarria a Santiago hay 112 kilómetros
Y esa es la distancia que, acompañado de un par de buenos amigos, recorrí caminando entre sábado y el miércoles pasados, siguiendo eso que se ha dado en llamar Camino de Santiago. Una buena paliza, al menos para un ente sedentario como el que suscribe, que tiende por naturaleza a ir en moto hasta el cuarto de baño.

Sin embargo, y a pesar de los dolores y de las agujetas que todavía me duran, tres días después de haber terminado, ha sido una experiencia gratificante, y llegar a Santiago después de haber completado el Camino (aún en su versión más corta como era el caso) es un momento que estoy seguro que recordaré por mucho tiempo.
Dicen además que es uno de los tramos más hermosos del Camino, obviamente no lo sé, es más, es probable que nunca recorra lo suficientemente como para tener formada una opinión al respecto, pero sí puedo decirles que me ha parecido muy bello, con prados, paisajes, bosques… y, por supuesto, la joya final que es Santiago.
Además, y como ya comenté un poco en la informal conexión radiofónica con Viajes en sillón (a partir del minuto 20, aproximadamente) que hicimos el pasado domingo, andar da una perspectiva completamente distinta del paisaje, que se disfruta de otra forma, desde luego más intensa, pero también con más atención al detalle, más delicada, por así decirlo.

Por último, tengo que decir que nos ha llovido, nos ha hecho sol, nos ha rodeado la niebla, hemos pasado calor, algo de frío (poco, la verdad) y hemos comido y dormido de muy bien a bastante regular, pero todo eso se lo contaré de forma más detallada en algunos artículos que iré escribiendo más adelante, les prometo que tan pronto como pueda. Leer más...

Sin embargo, y a pesar de los dolores y de las agujetas que todavía me duran, tres días después de haber terminado, ha sido una experiencia gratificante, y llegar a Santiago después de haber completado el Camino (aún en su versión más corta como era el caso) es un momento que estoy seguro que recordaré por mucho tiempo.
Dicen además que es uno de los tramos más hermosos del Camino, obviamente no lo sé, es más, es probable que nunca recorra lo suficientemente como para tener formada una opinión al respecto, pero sí puedo decirles que me ha parecido muy bello, con prados, paisajes, bosques… y, por supuesto, la joya final que es Santiago.
Además, y como ya comenté un poco en la informal conexión radiofónica con Viajes en sillón (a partir del minuto 20, aproximadamente) que hicimos el pasado domingo, andar da una perspectiva completamente distinta del paisaje, que se disfruta de otra forma, desde luego más intensa, pero también con más atención al detalle, más delicada, por así decirlo.

Por último, tengo que decir que nos ha llovido, nos ha hecho sol, nos ha rodeado la niebla, hemos pasado calor, algo de frío (poco, la verdad) y hemos comido y dormido de muy bien a bastante regular, pero todo eso se lo contaré de forma más detallada en algunos artículos que iré escribiendo más adelante, les prometo que tan pronto como pueda. Leer más...
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24.10.09
Nueva sección: Viajalinks
Los lectores habituales de este blog (caso de haberlos) se habrán dado cuenta de que últimamente el ritmo de publicación anda algo más decaído de lo habitual, y eso que normalmente tampoco es que sea la alegría de la huerta.
El caso es que mis obligaciones crecen y cada día es más difícil encontrar hueco para muchas cosas y tampoco es sencillo encontrar buenos temas que desarrollar en ese tiempo cada vez más escaso. Sin embargo, sí hay en internet noticias, curiosidades y reportajes interesantes que me gustaría compartir con ustedes, pero que en el formato habitual de este blog no tengo tiempo para ir reseñando.
Así que he pensado en una nueva sección, Viajalinks, en la que ir agrupando esos enlaces para poder publicarlos con menos “rollos” y sin tanta ceremonia. En principio será de periodicidad aproximadamente semanal y cada post tendrá una pequeña recopilación de cuatro o cinco links a temas divertidos, interesantes, hermosos… en resumen, cosas que valdrá la pena leer, se lo prometo.
Y para la primera entrega:
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El caso es que mis obligaciones crecen y cada día es más difícil encontrar hueco para muchas cosas y tampoco es sencillo encontrar buenos temas que desarrollar en ese tiempo cada vez más escaso. Sin embargo, sí hay en internet noticias, curiosidades y reportajes interesantes que me gustaría compartir con ustedes, pero que en el formato habitual de este blog no tengo tiempo para ir reseñando.
Así que he pensado en una nueva sección, Viajalinks, en la que ir agrupando esos enlaces para poder publicarlos con menos “rollos” y sin tanta ceremonia. En principio será de periodicidad aproximadamente semanal y cada post tendrá una pequeña recopilación de cuatro o cinco links a temas divertidos, interesantes, hermosos… en resumen, cosas que valdrá la pena leer, se lo prometo.
Y para la primera entrega:
- Las diez fortalezas más inexpugnables del mundo, un interesante listado en Gadling en el que aparecen un viejo conocido de este blog, Masada, y la española Numancia… ¡qué lejos nos quedan los tiempos de gloria!
- El hotel más grande del mundo estará en La Meca, quizá la ciudad que más visitantes recibe cada año en todo el globo terráqueo. Y es que, aunque no estoy seguro de que a un peregrino se le pueda llamar turista está claro que necesita un lugar donde alojarse y en la ciudad santa de los musulmanes la solución parece que será un complejo de tan descomunal tamaño como dudoso buen gusto.
- Un fotógrafo profesional nos da consejos en el suplemento de viajes del NYT sobre como mejorar nuestras fotos de viajes. Interesante y fácil de leer gracias al formato de pregunta – respuesta rápidas.
- Un viaje en Porsche o un viaje para conducir un Porsche, que es casi lo mismo y en cualquier caso suena de maravilla. En Diario del Viajero nos descubren el lado turístico de la marca alemana. Los precios mejor no mirarlos.
- No estoy borracho, es que soy solidario. Algo así podrán decir los clientes de los cuatro hoteles Guoman de Londres, que han encargado a un prestigioso barman el diseño toda una carta de cócteles cuyos beneficios se dedicarán en un 100% a la caridad.
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12.10.09
El afortunado y exitoso fracaso de Sigüenza
Es cierto que la historia y el presente no siempre están de acuerdo, pero en pocos lugares esa disputa es tan evidente como en Sigüenza, hoy un pueblo no demasiado grande (unos 5.000 habitantes) y ayer lugar estratégico y tan rico como para tener una catedral imponente y un castillo descomunal.
Gracias a eso, hoy por hoy esta pequeña ciudad es un lugar que merece una visita, varias visitas si me apuran, y gracias también a ese desfase cronológico, al menos en parte, ha llegado hasta nosotros con un grado importante de pureza, lo que probablemente no habría sido posible de haber tenido más éxito la ciudad en los últimos siglos, de haberse desarrollado más.

En definitiva, cierto fracaso de Sigüenza, que no ha podido ser hoy en día lo que era en la Edad Media, nos la brinda ahora como un bonito regalo, tanto como que este pasado fin de semana la localidad guadalajareña fue el punto de partida de una de las rutas viajeras que recorrimos en Viajes en sillón, la parte turística del Estamos en fin de semana de esRadio.
Llegar a Sigüenza es ver desde lejos el Castillo y la Catedral, cada uno en una parte del pueblo y los dos formando un conjunto muy armónico, no solo porque a ambos los contempla una imponente y similar cantidad de siglos, sino porque parecen cumplir una función similar y se diría que lo guerrero le ha ganado la partida a lo religioso tanto en uno como en la otra.
No en vano los dos edificios fueron impulsados, la iglesia desde cero y el castillo a partir de las previas construcciones musulmanas, por los mismos obispos, que además fueron también los que arrebataron la plaza al infiel, ya que Sigüenza fue conquistada por las huestes del arzobispo de Toledo, para que luego digamos que la Iglesia de hoy en día es belicosa.

Así, la Catedral tiene algo de fortaleza, lo que le da un aspecto imponente y recio desde el exterior, más impresionante que bello, si queremos ser sinceros. El interior, por el contrario, es más hermoso y ya su altísima bóveda gótica (en el buen sentido) nos sorprende, llegando esa sorpresa al máximo en la famosa Capilla de los Arce, donde está la todavía más famosa estatua del Doncel.
Tras visitar la catedral un buen recorrido turístico de la ciudad es iniciar la ascensión hacia el Castillo, que hoy es un imponente Parador de Turismo, a través de la Plaza del Ayuntamiento y de la Calle Mayor, pero mi consejo es que en lugar de llegar hasta arriba del todo por esta misma calle se desvíen por las travesañas, las dos callejas perpendiculares que atraviesan todo el casco viejo, y se pierdan por el pequeño pero encantador entramado de callejones y plazuelas.

Las casas son señoriales, y las hay en todos los tramos de conservación: desde las que están recientemente restauradas o perfectamente mantenidas hasta las que anuncian con sus paredes combadas la necesidad de que llegue pronto el socorro en forma de una obra salvadora. Incluso las hay que ya no han podido resistir el peso de los años y nos ofrecen algunas fotogénicas ruinas.
No menos fotogénicas que los tramos todavía en pie de las murallas y, sobre todo, que las encantadoras puertas que todavía se mantienen en pie: del sol, del hierro, arquillo de San Juan… tan modestas como auténticas.
Un casco viejo pequeño (como todo en Sigüenza menos la catedral y el castillo) pero en el que se puede recorrer y reconocer las distintas zonas: la de las casas nobles, la de la judería, la de los artesanos mudéjares…

Especialmente recomendable para pasear (y para fotografiar, como bien dijo Ángel Martínez Bermejo en el programa) a última hora de la tarde y primera de la noche, evitando a los muchos turistas que visitan la ciudad en un único día de ida y vuelta y disfrutando de una ciudad medieval casi para nosotros y, oh maravilla, incluso con ese extraño y tan buscado silencio.
MÁS SOBRE LO MISMO
Página web con información sobre Sigüenza
Mis fotos en Flickr de la ciudad y sus alrededores
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Gracias a eso, hoy por hoy esta pequeña ciudad es un lugar que merece una visita, varias visitas si me apuran, y gracias también a ese desfase cronológico, al menos en parte, ha llegado hasta nosotros con un grado importante de pureza, lo que probablemente no habría sido posible de haber tenido más éxito la ciudad en los últimos siglos, de haberse desarrollado más.

En definitiva, cierto fracaso de Sigüenza, que no ha podido ser hoy en día lo que era en la Edad Media, nos la brinda ahora como un bonito regalo, tanto como que este pasado fin de semana la localidad guadalajareña fue el punto de partida de una de las rutas viajeras que recorrimos en Viajes en sillón, la parte turística del Estamos en fin de semana de esRadio.
Llegar a Sigüenza es ver desde lejos el Castillo y la Catedral, cada uno en una parte del pueblo y los dos formando un conjunto muy armónico, no solo porque a ambos los contempla una imponente y similar cantidad de siglos, sino porque parecen cumplir una función similar y se diría que lo guerrero le ha ganado la partida a lo religioso tanto en uno como en la otra.
No en vano los dos edificios fueron impulsados, la iglesia desde cero y el castillo a partir de las previas construcciones musulmanas, por los mismos obispos, que además fueron también los que arrebataron la plaza al infiel, ya que Sigüenza fue conquistada por las huestes del arzobispo de Toledo, para que luego digamos que la Iglesia de hoy en día es belicosa.

Así, la Catedral tiene algo de fortaleza, lo que le da un aspecto imponente y recio desde el exterior, más impresionante que bello, si queremos ser sinceros. El interior, por el contrario, es más hermoso y ya su altísima bóveda gótica (en el buen sentido) nos sorprende, llegando esa sorpresa al máximo en la famosa Capilla de los Arce, donde está la todavía más famosa estatua del Doncel.
Tras visitar la catedral un buen recorrido turístico de la ciudad es iniciar la ascensión hacia el Castillo, que hoy es un imponente Parador de Turismo, a través de la Plaza del Ayuntamiento y de la Calle Mayor, pero mi consejo es que en lugar de llegar hasta arriba del todo por esta misma calle se desvíen por las travesañas, las dos callejas perpendiculares que atraviesan todo el casco viejo, y se pierdan por el pequeño pero encantador entramado de callejones y plazuelas.

Las casas son señoriales, y las hay en todos los tramos de conservación: desde las que están recientemente restauradas o perfectamente mantenidas hasta las que anuncian con sus paredes combadas la necesidad de que llegue pronto el socorro en forma de una obra salvadora. Incluso las hay que ya no han podido resistir el peso de los años y nos ofrecen algunas fotogénicas ruinas.
No menos fotogénicas que los tramos todavía en pie de las murallas y, sobre todo, que las encantadoras puertas que todavía se mantienen en pie: del sol, del hierro, arquillo de San Juan… tan modestas como auténticas.
Un casco viejo pequeño (como todo en Sigüenza menos la catedral y el castillo) pero en el que se puede recorrer y reconocer las distintas zonas: la de las casas nobles, la de la judería, la de los artesanos mudéjares…

Especialmente recomendable para pasear (y para fotografiar, como bien dijo Ángel Martínez Bermejo en el programa) a última hora de la tarde y primera de la noche, evitando a los muchos turistas que visitan la ciudad en un único día de ida y vuelta y disfrutando de una ciudad medieval casi para nosotros y, oh maravilla, incluso con ese extraño y tan buscado silencio.
MÁS SOBRE LO MISMO
Página web con información sobre Sigüenza
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6.10.09
Media docena de consejos para mejorar sus fotografías otoñales
Ya estamos en otoño, como diría El Corte Inglés, así que se abre ante nuestros ojos y nuestras cámaras una época excelente para hacer fotografías en nuestros viajes, sobre todo si nos acercamos a una naturaleza que, a poco que tengamos suerte o sepamos elegir el destino, nos ofrece una variedad de colores y tonos que prácticamente no se repite en ninguna otra época del año.
Foto del usuario de Flickr Lutz-R. Frank
Y todavía será mejor si tienen en cuenta algunas pequeñas ideas que, como suele ocurrir con el tema este de la fotografía, pueden ayudarles a pulir detalles en sus imágenes y lograr, con un pequeño esfuerzo, una mejora significativa de la calidad final de sus imágenes.
Echando un vistazo por internet he encontrado bastantes artículos al respecto escritos por gente con más conocimiento que su humilde servidor, que suelen coincidir en una serie de consejos o ideas que también me han sido de provecho en mi experiencia personal, así que paso a contarles una selección de los más interesantes:
1. Procure fotografiar en las “horas de oro”
Este es el típico consejo que prácticamente puede aplicarse a cualquier modalidad fotográfica, pero en otoño, cuando el protagonista de la foto es y debe ser el color es todavía más importante ya que la cálida luz de amaneceres y atardeceres es la mejor para obtener todo el partido los intensos tonos de las hojas en otoño.
2. Dispare subexponiendo ligeramente la imagen
No sólo será lo mejor para evitar sorpresas negativas provocadas por ese rayo de sol que se le cuela entre las hojas y le estropea la medición de su cámara, además, normalmente mejorarán los colores que será algo más profundos y saturados.
3. Aproveche los días nublados
Aunque tendemos a despreciarlos porque nos gustan más los días soleados, un día de otoño con nubes puede ser idóneo para sacar fotografías con colores muy intensos y con un ambiente que será muy difícil darle bajo el sol.
4. Busque contrastes
Combinar diferentes tonos de color hará que sus fotos sean más interesantes y se aprecie le dará también motivos que quizá valga más la pena fotografiar que simplemente masas de hojas informes, que también pueden estar bien, pero que no pueden ser lo único.
Estos contrastes no tienen que ser sólo de colores, también se pueden conseguir entre distintos materiales y texturas: las hojas, agua, el azul del cielo, un tronco…
5. Aumente la saturación
Al procesar la imagen con un programa como PhotoShop (o incluso con otros más sencillos) es muy sencillo aumentar la saturación de la imagen y obtener esos colores profundos e intensos que tantas veces ha envidiado en las imágenes de los profesionales.
6. Evite disparar con el sol de frente
Hacer una fotografía frente a la luz directa del sol, sobre todo fuera de las “horas de oro” de las que hemos hablado más arriba, significa que obtendremos colores muy planos y, probablemente, un efecto de lensflare que todavía los apagará más, dispare con el sol siempre a su espalda y, si no puede, procure proteger el objetivo de su cámara de su influencia directa.
FUENTES
Las principales fuentes para este post han sido:
Autumn (Fall) Photography - Capturing Colours
12 Fantastic Fall Photo Tips — Our Extra-Crunchy Guide to Leaf Peeping
13 Estupendos Consejos para Hacer Fotografías en Otoño Leer más...
Foto del usuario de Flickr Lutz-R. FrankY todavía será mejor si tienen en cuenta algunas pequeñas ideas que, como suele ocurrir con el tema este de la fotografía, pueden ayudarles a pulir detalles en sus imágenes y lograr, con un pequeño esfuerzo, una mejora significativa de la calidad final de sus imágenes.
Echando un vistazo por internet he encontrado bastantes artículos al respecto escritos por gente con más conocimiento que su humilde servidor, que suelen coincidir en una serie de consejos o ideas que también me han sido de provecho en mi experiencia personal, así que paso a contarles una selección de los más interesantes:
1. Procure fotografiar en las “horas de oro”
Este es el típico consejo que prácticamente puede aplicarse a cualquier modalidad fotográfica, pero en otoño, cuando el protagonista de la foto es y debe ser el color es todavía más importante ya que la cálida luz de amaneceres y atardeceres es la mejor para obtener todo el partido los intensos tonos de las hojas en otoño.
2. Dispare subexponiendo ligeramente la imagen
No sólo será lo mejor para evitar sorpresas negativas provocadas por ese rayo de sol que se le cuela entre las hojas y le estropea la medición de su cámara, además, normalmente mejorarán los colores que será algo más profundos y saturados.
3. Aproveche los días nublados
Aunque tendemos a despreciarlos porque nos gustan más los días soleados, un día de otoño con nubes puede ser idóneo para sacar fotografías con colores muy intensos y con un ambiente que será muy difícil darle bajo el sol.
4. Busque contrastes
Combinar diferentes tonos de color hará que sus fotos sean más interesantes y se aprecie le dará también motivos que quizá valga más la pena fotografiar que simplemente masas de hojas informes, que también pueden estar bien, pero que no pueden ser lo único.
Estos contrastes no tienen que ser sólo de colores, también se pueden conseguir entre distintos materiales y texturas: las hojas, agua, el azul del cielo, un tronco…
5. Aumente la saturación
Al procesar la imagen con un programa como PhotoShop (o incluso con otros más sencillos) es muy sencillo aumentar la saturación de la imagen y obtener esos colores profundos e intensos que tantas veces ha envidiado en las imágenes de los profesionales.
6. Evite disparar con el sol de frente
Hacer una fotografía frente a la luz directa del sol, sobre todo fuera de las “horas de oro” de las que hemos hablado más arriba, significa que obtendremos colores muy planos y, probablemente, un efecto de lensflare que todavía los apagará más, dispare con el sol siempre a su espalda y, si no puede, procure proteger el objetivo de su cámara de su influencia directa.
FUENTES
Las principales fuentes para este post han sido:
Autumn (Fall) Photography - Capturing Colours
12 Fantastic Fall Photo Tips — Our Extra-Crunchy Guide to Leaf Peeping
13 Estupendos Consejos para Hacer Fotografías en Otoño Leer más...
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28.9.09
¿Un tren a casi 2.000 metros de altura? Sí… ¡Y al lado de Madrid!
Parece que últimamente me ha dado por los trenes turísticos, lástima que el presupuesto no me de para saltar del Orient Express al Transiberiano y de éste al Transcanadiense, así que me tengo que conformar con los modestos pero encantadores trenecitos que hacen viajes turísticos por los alrededores de Madrid.
Así, si hace algún tiempo les hablaba del Tren de la Fresa hoy lo que toca es el de la Naturaleza, que es como llaman ahora al que toda la vida ha sido el tren de Cotos, así, con la t en minúscula.

Se trata de una vieja línea de ferrocarril (se empezó a construir en 1918), que sube por la sierra madrileña hasta una altura importante: nada más y nada menos que los 1.830 metros del Puerto de Cotos y, además, después de haber pasado todavía un poco más arriba por el Puerto de Navacerrada.
Ya por los felices 20 era un tren turístico: fue promovido por un grupo de excursionistas, cuando los madrileños estaban descubriendo la maravilla que tenían tan cerca y cuando “ir al monte” se estaba empezado a convertir en una actividad habitual y deseable para domingueros y deportistas capitalinos.
Luego, durante muchos años el tren dejaba a sus viajeros a tiro de piedra de la estación de Valdesquí, así que se llenaba de esquiadores; una vez cerradas las pistas por las exigencias ecológicas (ahora la zona es parte del Parque Natural de Peñalara) los vagones se llenan (no mucho) de excursionistas que van a este enclave natural.
El viaje es interesante desde varios puntos de vista: para los simples turistas es una excelente oportunidad de apreciar el impresionante paisaje de la sierra; los aficionados a los trenes, que no son pocos, disfrutarán de una línea muy peculiar, con algunas características técnicas que al parecer son prácticamente únicas en nuestro país y con un aire a cosa de otra época y un encanto muy difíciles de encontrar.

El viaje se inicia, por cierto, en la estación de Cercedilla, una localidad de la sierra de Madrid bastante curiosa que, además, la estrecha vía atraviesa en algo que se inicia casi más como un viaje en tranvía que en tren. En cuanto sale de Cercedilla el tren se mete en el denso bosque de pinos de la Sierra de Guadarrama y va subiendo atándose a la ladera de la montaña con una curvas por las que los viejos vagones pasan despacito y chirriando como un auténtico poseso.
En el primer tramo la subida nos lleva hasta el Puerto de Navacerrada, dejando lo más interesante del paisaje a la derecha, según el sentido de la marcha: primero los valles por los que la sierra se va domando y acercando a Madrid, luego las montañas que van creciendo cubiertas de pinos y más tarde incluso alguno de los altos más conocidos de la zona: los Siete Picos, la Bola del Mundo…

Una vez que superamos la coqueta estación del Puerto de Navacerrada un túnel bastante largo (aunque puede ser que lo crucemos muy despacio) nos lleva a la otra ladera de la montaña, la más fresca umbría ya en la provincia de Segovia.
Entonces haremos bien en cambiar de sitio y colocarnos a la izquierda en el sentido de la marcha, con lo que podremos disfrutar, siempre y cuando el espeso pinar nos lo permita, de las no menos impresionantes vistas y de los enormes bosques que parecen no tener fin. De todas formas, el placer no es sólo por el paisaje: la cercanía de los árboles, el aroma del bosque, la pureza del aire y lo lento de la marcha hacen que más que ir en tren parezca que estemos de paseo.
Y para los que no tengan bastante con el tren, no olviden que al llevar a Cotos pueden empezar algunas de las mejores excursiones a pie de la sierra madrileña, incluyendo algunas como la subida a Peñalara o, un poco menos dura, el ascenso a sus lagunas.
Eso sí, hay que hacerlas rápido que luego el tren de vuelta no estará esperándonos siempre.
MÁS
Vea mis fotos del Tren de Cotos en Flickr.
La página de la línea en la Wikipedia. Leer más...
Así, si hace algún tiempo les hablaba del Tren de la Fresa hoy lo que toca es el de la Naturaleza, que es como llaman ahora al que toda la vida ha sido el tren de Cotos, así, con la t en minúscula.

Se trata de una vieja línea de ferrocarril (se empezó a construir en 1918), que sube por la sierra madrileña hasta una altura importante: nada más y nada menos que los 1.830 metros del Puerto de Cotos y, además, después de haber pasado todavía un poco más arriba por el Puerto de Navacerrada.
Ya por los felices 20 era un tren turístico: fue promovido por un grupo de excursionistas, cuando los madrileños estaban descubriendo la maravilla que tenían tan cerca y cuando “ir al monte” se estaba empezado a convertir en una actividad habitual y deseable para domingueros y deportistas capitalinos.
Luego, durante muchos años el tren dejaba a sus viajeros a tiro de piedra de la estación de Valdesquí, así que se llenaba de esquiadores; una vez cerradas las pistas por las exigencias ecológicas (ahora la zona es parte del Parque Natural de Peñalara) los vagones se llenan (no mucho) de excursionistas que van a este enclave natural.
El viaje es interesante desde varios puntos de vista: para los simples turistas es una excelente oportunidad de apreciar el impresionante paisaje de la sierra; los aficionados a los trenes, que no son pocos, disfrutarán de una línea muy peculiar, con algunas características técnicas que al parecer son prácticamente únicas en nuestro país y con un aire a cosa de otra época y un encanto muy difíciles de encontrar.

El viaje se inicia, por cierto, en la estación de Cercedilla, una localidad de la sierra de Madrid bastante curiosa que, además, la estrecha vía atraviesa en algo que se inicia casi más como un viaje en tranvía que en tren. En cuanto sale de Cercedilla el tren se mete en el denso bosque de pinos de la Sierra de Guadarrama y va subiendo atándose a la ladera de la montaña con una curvas por las que los viejos vagones pasan despacito y chirriando como un auténtico poseso.
En el primer tramo la subida nos lleva hasta el Puerto de Navacerrada, dejando lo más interesante del paisaje a la derecha, según el sentido de la marcha: primero los valles por los que la sierra se va domando y acercando a Madrid, luego las montañas que van creciendo cubiertas de pinos y más tarde incluso alguno de los altos más conocidos de la zona: los Siete Picos, la Bola del Mundo…

Una vez que superamos la coqueta estación del Puerto de Navacerrada un túnel bastante largo (aunque puede ser que lo crucemos muy despacio) nos lleva a la otra ladera de la montaña, la más fresca umbría ya en la provincia de Segovia.
Entonces haremos bien en cambiar de sitio y colocarnos a la izquierda en el sentido de la marcha, con lo que podremos disfrutar, siempre y cuando el espeso pinar nos lo permita, de las no menos impresionantes vistas y de los enormes bosques que parecen no tener fin. De todas formas, el placer no es sólo por el paisaje: la cercanía de los árboles, el aroma del bosque, la pureza del aire y lo lento de la marcha hacen que más que ir en tren parezca que estemos de paseo.
Y para los que no tengan bastante con el tren, no olviden que al llevar a Cotos pueden empezar algunas de las mejores excursiones a pie de la sierra madrileña, incluyendo algunas como la subida a Peñalara o, un poco menos dura, el ascenso a sus lagunas.
Eso sí, hay que hacerlas rápido que luego el tren de vuelta no estará esperándonos siempre.
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Vea mis fotos del Tren de Cotos en Flickr.
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23.9.09
Cinco consejos para tomar fotografías de personas en nuestros viajes
Todos los fotógrafos y todas las guías de fotografía viajera suelen coincidir en que las personas, los “indígenas” si me permiten la expresión, son uno de los motivos más interesantes en la fotografía viajera. Pero, ¿se pueden tomar fotos de la gente a nuestro alrededor sin más?

En muchas ocasiones sí, pero no siempre y, además, es bueno seguir ciertos métodos así que vamos a ver unas cuantas ideas o consejos que pueden ayudarles a hacer esto sin buscarse problemas:
1. ¿Es legal? Mejor dicho: ¿qué es legal?
Normalmente sacar fotografías de personas en la calle es legal, ya que si se está en un espacio público no se puede esperar tener privacidad. No lo es, por ejemplo, si se trata de personas que, aun al alcance de nuestra cámara, se encuentren en un espacio privado.
Tengan en cuenta también que hay países en los que las normas de seguridad hacen, por ejemplo, que esté prohibido sacar fotografías de policías o soldados.
2. ¿Qué papel tiene el sujeto en la foto? Pida permiso si es el protagonista
En cualquier caso, es obvio que no es lo mismo hacer una foto de una catedral ante la que pasa alguien que simplemente será un elemento más en la composición, que un primer plano de una persona.
Si su ocasional modelo tiene un papel protagonista debe pedirle permiso, no se preocupes: si lo hace de una forma amable y educada lo más probable es que no haya ningún problema. Y todavía es más importante pedir permiso a los padres (caso de estar cerca, claro) si nuestro modelo es un niño.
3. Tenga algo de dinero suelto preparado
Hay personas que están en la calle para ser fotografiados (entre otras cosas), pero que esperan obtener de ello una cierta recompensa económica. Ejemplo de ello son los artistas callejeros, desde los “gladiadores” a la entrada del Coliseo hasta las insufribles “estatuas humanas” cada vez más abundantes en Madrid.

No tendrán ningún problema en que les saquen una foto, pero hay un pacto no escrito (y que muy probablemente ellos tampoco explicitarán antes de la toma) por el que tras la fotografía (o incluso antes) tendrá que darles una pequeña propina y lo más recomendable es hacerlo.
Del mismo modo, en algunos países como Egipto ese pacto no escrito se extiende a prácticamente toda la población, así que aunque usted pida permiso y se lo den no se extrañe si luego quieren dinero.
4. Respete los noes y las prohibiciones
Es hora de asumirlo: esa foto no le iba hacer ganar un World Press Photo ni saldrá en la portada del Times suponiendo unos ingresos de miles de euros, así que no pasa nada si le dicen que no, simplemente dese la vuelta y siga disfrutando de su viaje y de hacer fotos.
Y si está usted en un lugar en el que a la gente no le gusta que le hagan fotografías respete su deseo. Por ejemplo, para los amish en Estados Unidos es realmente un problema que usted les apunte con su cámara así que no creo que valga la pena hacerles pasar un mal rato para luego enseñar el “trofeo” a sus amigos. Y esto puede plantearse e igualmente debe respetarse en determinados lugares donde esté prohibido hacerlas.
Ser respetuoso siempre hará mejor su viaje.
5. ¿Y que hay de las fotos robadas?
Personalmente, creo que se pueden “robar” algunas fotos (sacarlas sin que su protagonista se de cuenta) y no pasa nada, pero en este caso también deben evaluarse las condiciones en las que sacamos la fotografía, el uso que le vamos a dar y cómo queda nuestro involuntario modelo en ellas, es decir, no creo que pase nada si usted roba una foto de alguien en un mercado, pero la cosa cambia (siento lo burdo del ejemplo) si se trata de un mujer en una postura descuidada y con un toque sexy.
Y la cosa también cambia si es para “uso personal” o si la vamos a colgar de internet o en un blog como este que, al fin y al cabo, está expuesto al público. Además, tenga en cuenta que ser pillado “robando” fotos en un ambiente más o menos hostil también puede acabar resultando problemático.
Por último, un buen consejo para “robar” esas fotos pero no hacerlo de una forma agresiva es dejar que la gente entre en sus encuadres en lugar de ir a buscarlos, es decir, si está en el sitio adecuado puede elegir la imagen que le interesa reflejar y esperar a que un sujeto adecuado pase por allí, al fin y al cabo, será él quién habrá tomado la decisión de cruzarse en su fotografía.
PD.: Tomo algunas ideas (y la idea genérica del artículo) de este post de Gadling, aunque amplio con mi experiencia personal y mis reflexiones.
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En muchas ocasiones sí, pero no siempre y, además, es bueno seguir ciertos métodos así que vamos a ver unas cuantas ideas o consejos que pueden ayudarles a hacer esto sin buscarse problemas:
1. ¿Es legal? Mejor dicho: ¿qué es legal?
Normalmente sacar fotografías de personas en la calle es legal, ya que si se está en un espacio público no se puede esperar tener privacidad. No lo es, por ejemplo, si se trata de personas que, aun al alcance de nuestra cámara, se encuentren en un espacio privado.
Tengan en cuenta también que hay países en los que las normas de seguridad hacen, por ejemplo, que esté prohibido sacar fotografías de policías o soldados.
2. ¿Qué papel tiene el sujeto en la foto? Pida permiso si es el protagonista
En cualquier caso, es obvio que no es lo mismo hacer una foto de una catedral ante la que pasa alguien que simplemente será un elemento más en la composición, que un primer plano de una persona.
Si su ocasional modelo tiene un papel protagonista debe pedirle permiso, no se preocupes: si lo hace de una forma amable y educada lo más probable es que no haya ningún problema. Y todavía es más importante pedir permiso a los padres (caso de estar cerca, claro) si nuestro modelo es un niño.
3. Tenga algo de dinero suelto preparado
Hay personas que están en la calle para ser fotografiados (entre otras cosas), pero que esperan obtener de ello una cierta recompensa económica. Ejemplo de ello son los artistas callejeros, desde los “gladiadores” a la entrada del Coliseo hasta las insufribles “estatuas humanas” cada vez más abundantes en Madrid.

No tendrán ningún problema en que les saquen una foto, pero hay un pacto no escrito (y que muy probablemente ellos tampoco explicitarán antes de la toma) por el que tras la fotografía (o incluso antes) tendrá que darles una pequeña propina y lo más recomendable es hacerlo.
Del mismo modo, en algunos países como Egipto ese pacto no escrito se extiende a prácticamente toda la población, así que aunque usted pida permiso y se lo den no se extrañe si luego quieren dinero.
4. Respete los noes y las prohibiciones
Es hora de asumirlo: esa foto no le iba hacer ganar un World Press Photo ni saldrá en la portada del Times suponiendo unos ingresos de miles de euros, así que no pasa nada si le dicen que no, simplemente dese la vuelta y siga disfrutando de su viaje y de hacer fotos.
Y si está usted en un lugar en el que a la gente no le gusta que le hagan fotografías respete su deseo. Por ejemplo, para los amish en Estados Unidos es realmente un problema que usted les apunte con su cámara así que no creo que valga la pena hacerles pasar un mal rato para luego enseñar el “trofeo” a sus amigos. Y esto puede plantearse e igualmente debe respetarse en determinados lugares donde esté prohibido hacerlas.
Ser respetuoso siempre hará mejor su viaje.
5. ¿Y que hay de las fotos robadas?
Personalmente, creo que se pueden “robar” algunas fotos (sacarlas sin que su protagonista se de cuenta) y no pasa nada, pero en este caso también deben evaluarse las condiciones en las que sacamos la fotografía, el uso que le vamos a dar y cómo queda nuestro involuntario modelo en ellas, es decir, no creo que pase nada si usted roba una foto de alguien en un mercado, pero la cosa cambia (siento lo burdo del ejemplo) si se trata de un mujer en una postura descuidada y con un toque sexy.
Y la cosa también cambia si es para “uso personal” o si la vamos a colgar de internet o en un blog como este que, al fin y al cabo, está expuesto al público. Además, tenga en cuenta que ser pillado “robando” fotos en un ambiente más o menos hostil también puede acabar resultando problemático.
Por último, un buen consejo para “robar” esas fotos pero no hacerlo de una forma agresiva es dejar que la gente entre en sus encuadres en lugar de ir a buscarlos, es decir, si está en el sitio adecuado puede elegir la imagen que le interesa reflejar y esperar a que un sujeto adecuado pase por allí, al fin y al cabo, será él quién habrá tomado la decisión de cruzarse en su fotografía.
PD.: Tomo algunas ideas (y la idea genérica del artículo) de este post de Gadling, aunque amplio con mi experiencia personal y mis reflexiones.
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