27.12.09

La ría de Urdaibai o de cómo la buena vida se vive despacio

Una de las cosas que más me llamó la atención en el viaje que hice semanas atrás a Urdaibai (y del que lamentablemente no he podido contarles nada por aquí hasta ahora) fue el ritmo pausado y bello que la ría imprime a todo el paisaje y, se diría, a la vida de los que la rodean.

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Por supuesto, la ría es hermosa en si misma, un cauce amplio por el que paseamos la mirada con placer, que nos transmite tranquilidad, nos envuelve y al mismo tiempo nos ofrece una perspectiva lejana, un horizonte marino e infinito.

Pero lo mejor es la posibilidad de mirarla durante horas y casi en cada momento encontrar un cambio, bien por la luz del sol, por el rápido camino que recorren las nubes sobre ella o por el incesante juego de las mareas, la cuestión es que poco a poco, de forma imperceptible pero imparable, el paisaje cambia ante nuestros ojos y lo que ahora es una larga lengua de arena bañada por el sol en un rato se convierte en un recodo cubierto de un agua gris que refleja las nubes que la cubren.

Está claro que lo mejor para conocer la ría y paladearla es pasear por ella, pero si nos pilla la marea alta o si vamos, como casi siempre, algo justos de tiempo no será mala cosa que nos acerquemos a algunos miradores privilegiados, como la pequeña isla de Txatxarramendi, una mancha verde en medio del cauce.

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Tiene Txatxarramendi un puente con una valla metálica blanca y farolas a juego, todo en un estilo como de principios del siglo pasado y con un punto decadente. El puente y ese ser isla o no dependiendo del momento de la marea me recordaron a La Toja, de la que sería un versión diminuta pero también encantadora.

Además, también tuvo su hotel lujoso años atrás, al que venían familias de Bilbao y gentes de mal vivir (pero que vivían muy bien) como toreros, futbolistas o boxeadores. Hoy el hotel ya no está (fue derruido décadas atrás) y su lugar ha sido reconquistado por el espeso encinar que es una de las peculiaridades de este y otros rincones de Urdaibai.

Desde Txatxarramendi lo mejor es mirar al norte y disfrutar de la desembocadura de la ría, coronada por la isla de Ízaro que termina de darle un toque especial al limpio y hermoso paisaje.

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Otro lugar privilegiado para disfrutar de la ría es Mundaca, desde el último rincón de su Atalaya (la peculiar "plaza mayor" del pueblo al borde del mar), con la famosa ola a nuestras espaldas y prácticamente toda la larga desembocadura frente a nosotros, con la posibilidad de contemplar, si el día es claro, hasta el límite sur de Urdaibai, marcado por los montes Goroño y Astoaga.

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Allí nace el Oca, el pequeño río que está muriendo junto a nosotros y que, junto con las mareas, el sol, el viento y las nubes, configura el paisaje con el que nuestra mirada se está deleitando.

Y no olviden mirar despacio, sin prisas, que es como se vive (y se disfruta) en Urdaibai.

MAS
Mis fotos de la naturaleza enUrdaibai en Flickr.
Mis fotos de Mundaca, Bermeo y otros pueblos de Urdaibai en Flickr.
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14.12.09

Viajalinks: aerolíneas y maletas, la Antártida, grandes árboles y el pasado de Disneyword

La selección de links que les ofrezco en esta ocasión incluye algunas cosas prácticas, algunas galerías de fotos para su deleite y sorpresa y, casualmente, otra referencia al turismo espacial, que cada día ocupa más espacio en los medios (y eso que en realidad todavía no han empezado los viajes).

Pesos, tamaños y medidas del equipaje en los aviones
Ya escribí hace tiempo sobre el tamaño del equipaje de mano en distintas aerolíneas y es un post al que entra gente con cierta frecuencia a través de Google y otros buscadores, así que ya que hay un interés vivo en el tema me parece muy oportuno recomendarles Luggage Limits, una web que se dedica precisamente a contarnos las limitaciones de equipaje de aerolíneas y aeropuertos y que nos permite hacer consultas de una forma muy sencilla.

Vía Diario del viajero
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Con “eso” se llegará al espacio: Virgin Galactic ya tiene aeronave

Un aeronave (no me sale llamar a eso “avión”) que fue presentada hace unos días en California y que ha de llevar a los turistas no sé si exactamente al espacio (creo que la frontera espacial no está muy clara) pero sí a un peculiar territorio: el de la gravedad cero, aunque sólo sea por seis minutos.

Así era Disneyland en los 50 y los 60
Una peculiar y sorprendente galería de fotos de Disneyland en los años 50 y 60, curioso como han cambiado casi todo menos el hecho de que los muñecos tamaño natural ya daban más miedo y mal rollo que otra cosa.

Los árboles más altos del planeta
Y otra galería de fotos, en este caso de “las cosas vivas más altas del planeta”: secuoyas en California (al menos las únicas en las que indica de donde son están en el Paque Estatal Prairie Creek Redwood de ese estado americano). Realmente, a veces la naturaleza es sorprendente y, disculpen la expresión, acojonante.

Los 10 destinos para el 2010, según Lonely Planet
Un listado con los que serán, al menos según la editorial especializada en viajes Lonely Planet, los 10 grandes destinos turísticos para el próximo 2010 (¡para el que sólo quedan 16 días!). La lista está encabezada, y no sé si esto es sorprendente o no, por El Salvador, seguido por Alemania y Grecia. España no está pero sí nuestros vecinos: Marruecos en quinto lugar y Portugal en el octavo.

Celebrar el fin de año… ¡en la Antártida!
La propuesta viajera más absolutamente fastuosa y excesiva para fin de año: un vuelo de Sidney a la Antártida tras el que recibir al 2010 en pleno continente helado escuchando a una banda de jazz… ¿se imaginan algo que matase más de envidia a nuestros amigos y familiares?

Vía Globedia.
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7.12.09

Día de niebla de Portomarín a Palas de Rei

Desde el interior del bar en el que nos tomábamos un café y los correspondientes bollos el segundo día de nuestro Camino parecía de lo más amenazante: húmedo, neblinoso y, aparentemente, con la lluvia como una posibilidad cercana.

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Así salimos de Portomarín, un tanto preocupados por lo que podría depararnos la climatología y, justo es decirlo, también con un ojo puesto en mi tobillo (lo que son las cosas, ya no recuerdo si era el derecho o el izquierdo) que venía doliéndome desde la tarde anterior y amenazaba con complicar bastante el camino.

La etapa del día debía de llevarnos desde Portomarín a Palas de Rei (unos 25 kilómetros), además había un punto intermedio de importancia: llegar a Ventas de Narón a eso de las 12 para poder hacer desde allí mi conexión con el Estamos de fin de semana de esRadio.

Íbamos, por tanto, mirando al cielo, a mi pie y con prisa, malos ingredientes todos, aunque muy pronto empezamos a disfrutar del paisaje, pues al poco de salir de Portomarín y justo tras cruzar el Miño nos internamos en uno de los tramos más bonitos de todo el Camino, de hecho, en mi recuerdo se conserva como el más hermoso.

El sendero a seguir tomaba una pronunciada pendiente y se internaba en un bosque de grandes árboles viejos, sobre todo robles y castaños. La niebla era muy espesa y lo cubría todo con una capa de irrealidad; la humedad le daba al verde de hojas, plantas y musgos una intensidad y una saturación poco menos que increíbles.

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El bosque nos envolvía, el paisaje resultaba mágico.

Así estuvimos andando, peleando con la feroz cuesta y con la prisa y parando lo justo para sacar alguna foto y empaparnos de la naturaleza que nos rodeaba.

Unos kilómetros más adelante, más o menos una hora después, fuimos dejando atrás el bosque y los prados se abrían a nuestros lados completamente cubiertos de niebla, dejándonos ver sólo la silueta, poco menos que fantasmal, de algún árbol solitario.

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Y un poco más allá dejamos también la niebla atrás, hecha una espectacular nube en el horizonte y nos dimos de bruces con un día soleado, en el que acabamos pasando casi calor.

Una vez solventado el trámite radiofónico, no sin llegar con cierto agobio al punto prefijado, nos tomamos lo que restaba de etapa con algo más de tranquilidad, comimos en un pequeño restaurante al borde del camino y llegamos a Palas de Rei con tiempo para descansar (sobre todo un servidor que tenía el tobillo como un higo) y para darnos después una estupenda cena.

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Ya habíamos hecho dos etapas y andado unos cincuenta kilómetros, las agujetas más espantosas de mi vida habían llegado para quedarse pero seguíamos adelante.

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Mis fotos de paisajes en el camino en Flickr.
Mis fotos de los pueblos en el camino en Flickr.
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