25.2.10

Él sí va a hacer ese viaje que los demás no nos atreveremos a soñar

Hoy he estado comiendo con mi compañero, al menos por unas horas más, Fabián Barrio, que este fin de semana dejará la empresa en la que hemos trabajado juntos durante los últimos 20 meses (más o menos) y en la que él llevaba mucho más.

Cuando supe que se iba lo lamenté por varias razones: es un tipo que trabaja bien, con el que la oficina es más divertida y estimulante y, sobre todo, que me descubría gloriosos restaurantes como el indescriptible “chino cochino”. Pero también pensé que si abandonaba LD es que tenía un proyecto muy interesante entre manos.

Me quedé corto, miren miren:



Supongo que el vídeo les llamará la atención por su personal factura y por el tremendo viaje que anuncia, nada más y nada menos que dos años para recorrer cinco continentes, unos 100.000 kilómetros en moto y muchos días para conocer aquello que le guste o que le llame la atención.

El pequeño discurso de seis minutos ya deja entrever el brutal grado de preparación que tiene la aventura, pero si tuviesen la oportunidad de hablar con él les aseguro que se quedarían poco menos que boquiabiertos con la cantidad de raciocinio que se está aplicando en esta locura: prácticamente no hay situación que no se haya pensado o eventualidad que no se haya preparado.

Pero lo mejor de todo es que nos lo va a contar, a través de su flamante página Salí a dar una vuelta (en la que escribirá y colgará fotos y vídeos de forma compulsiva) y también por Facebook, Twitter e incluso a través de móvil si alguien se anima.

Y yo, que después de 20 meses y algunas comilonas empiezo a conocerle, les puedo garantizar que va a ser muy muy divertido y muy muy interesante.

No dejen de seguirle, sobre todo si pueden soportar la envidia de ver como alguien hace esa increíble y maravillosa locura que los demás no nos atreveremos a hacer jamás.

Y por supuesto… ¡buen viaje Fabián!
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18.2.10

La publicidad “sexy” llega al turismo

Desde luego no es la primera gran valla publicitaria “sexy” que nos hemos encontrado en Madrid, anuncios de moda o colonias nos han ofrecido imágenes con un erotismo más o menos soft, pero erotismo al fin y al cabo. Sin embargo, creo que sí es la primera vez que veo uno de esos anuncios que tiene a la vez cierto componente sexy y está orientado al turismo, en este caso a los hoteles:

Anuncio de Destinia en la Puerta del Sol


Se trata de una de esas lonas que cubren un edificio mientras se rehabilita o se pinta su fachada y que son bastante rentables para las comunidades de vecinos. Estaba colocada hace unas semanas (no sé si sigue allí) en la madrileña Puerta del Sol y anunciaba, de un modo un tanto peculiar, los hoteles que se pueden reservar a través del portal Destinia.

La imagen no es muy buena (la tomé con el móvil y, además, era ya algo tarde y la luz no muy buena) pero si se fijan, y sobre todo si hacen clic y amplían, verán que el anuncio muestra una serie de supuestas habitaciones de hotel en las que están ocurriendo algunas cosas un tanto fuera de lo común.

Obviamente, cuando hablo de erotismo no me refiero a que haya señoritas y señores de buen ver medio desnudos o al menos poco vestidos, que los hay, sino a las imágenes en las que se mezcla cierta dosis de humor con situaciones que no dejan de tener una evidente contexto sexual.

Sea por una cosa o por la otra, les garantizo que todo el mundo en la Puerta del Sol se paraba a ver el anuncio, así que más allá de que nos pueda gustar más o menos o que nos parezca más o menos oportuno sí que se diría que cumplía el primer requisito de un anuncio: llamar la atención.

¿Y a ustedes les gusta?
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14.2.10

Las Hoces del Duratón y el peligro de estar tan cerca

Estuve hace unos días dando una pequeña vuelta por las Hoces del Duratón, el típico sitio del que le han hablado a uno miles de veces y que no visitamos de tan cerca que está: a poco más de 100 kilómetros de Madrid uno piensa que siempre habrá tiempo de acercarse.

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Finalmente, “obligado” por los compromisos de Estamos de fin de semana no pude postergar más el viaje y me arrepentí… de no haber ido antes.

Y es que las Hoces del Duratón no son sólo un lugar muy bello, fácil de visitar, que nos ofrece un espectáculo natural imponente y un privilegiado observatorio de aves rapaces, sino que además están rodeadas de pueblos más que interesantes como Sepúlveda, justo al lado, o Pedraza, un poco más allá pero muy cerca.

Nuestra visita a las Hoces fue un poco menos detallada de lo que me habría gustado, pero ese es el peaje que hay que pagar por viajar con una pequeña de tres años, un peaje que se ve recompensado, eso sí, por la maravilla con que los niños disfrutan, aunque sea unos pocos segundos, de cualquier cosa.

El caso es, y esto sí me parece importante señalarlo, que las Hoces resultan un muy buen lugar al que ir con los pequeños de la casa: la Senda de los dos ríos, una de las que sale de Sepúlveda, tiene un recorrido de longitud razonable (unos cinco kilómetros), sin dificultades ni peligros muy destacables más allá de algún tramo en el que hay que ir de la mano y con cuidado; además, nos ofrece algunas panorámicas preciosas de los cañones y nos acerca a la fauna salvaje del lugar, o al menos a una impresionante colonia de buitres leonados que pueblan las paredes de la hoz y cuyo vuelo, sólo unos pocos metros por encima de nuestras cabezas, es un espectáculo capaz de mantenerte hipnotizado y con el cuello tieso incluso en un frío y ventoso día de invierno.

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Y luego, por supuesto, a reponer las fuerzas con una buena comida y muy especialmente con el cordero de la zona, no voy a decir que famoso en el mundo entero porque quizá no lo sea, pero tengan por seguro que debería serlo.

Sepúlveda tiene buenas opciones para disfrutar de esta deliciosa carne y si alguien quiere ir un poquito más lejos, sólo un poquito, puede acercarse a la Posada del Duratón, en Sebúlcor, de la que hablamos en Estamos de fin de semana (incluso sorteamos una estancia romántica para éste San Valentín) y que es una excelente opción para comer y dormir de la que hablaré más detenidamente más adelante.

En definitiva, una zona excelente para una excursión de fin de semana, muy cerca de Madrid y con muchos atractivos y muchas posibilidades, así que no sean tan tontos como yo: no dejen de ir por estar tan cerca.


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2.2.10

De Palas de Rey a Arzúa o la muerte es un cuarto piso

Nuestra tercera etapa del Camino de Santiago fue, con mucho, la más dura de las cinco que hicimos, de hecho la paliza fue de tal calibre que al acabar el día y más muerto que vivo logré enfocarme en un único pensamiento positivo: "Si he superado el día de hoy esto está hecho".

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Y es que el “paseo” entre estas dos Palas de Rey y Arzúa es de 30 kilómetros de nada, es decir, cuando los días anteriores me sentía morir al final de los 25 que veníamos recorriendo todavía me quedaban otros 5.000 metros de “diversión a gogó”.

Hay que añadir, además, que la etapa no sólo era más dura por su longitud, sino que tenía un perfil mucho más abrupto que las anteriores, es decir, las subidas y las bajadas eran constantes y las piernas sufrían lo suyo, especialmente las rodillas, que me amargaban sobre todo a la hora de descender hasta que, en un rapto de racionalidad y por 12 euros de nada, me compré una rodillera que me alivió bastante y que se convirtió en compañera inseparable el resto del camino.

Lo peor, no obstante, no fue eso sino llegar a Arzúa y descubrir, sobrecogido de espanto y dolor, que la pensionzucha en la que dimos a parar estaba arteramente situada en un cuarto piso sin ascensor: las escenas de James Stewart subiendo el campanario de la misión en Vértigo, una auténtica nadería comparado con lo que pasé yo allí.



Además, tampoco el paisaje durante el día fue tan espectacular como en los anteriores, aunque por supuesto siguió habiendo rincones preciosos y encantadores tramos de bosque en los que, eso sí, el eucalipto empezaba a acaparar por completo el protagonismo frente a los bosques de roble y castaño por los que habíamos pasado antes.

Y aunque me está saliendo el post un tanto quejoso, hay que decir que no todo estuvo tan mal, al menos la comida fue excelente en el ruidoso y un tanto destartalado Mesón Ezequiel de Melide, con un pulpo difícil de olvidar que ingerimos en las cantidades industriales que la ocasión requería.

Además, y para mi placentera sorpresa el dolor que el día anterior me había machacado el tobillo prácticamente desapareció durante esta tercera etapa, pasando a ser sustituido, eso sí, por una tortura generalizada desde los pies hasta el pelo que se agudizaba al descansar un rato y que me hacía dar los primeros pasos tras cada parada al más puro, marcial y heroico estilo Chiquito de la Calzada. Una elegancia british de anuncio de Burberry que ya no abandoné hasta dos o tres días después de acabar.

Por otra parte, el día terminó con las primeras gotas del Camino cayendo justo cuando llegamos a Arzúa, donde nos salvamos del chaparrón por unos minutos. De alguna forma el tiempo nos quiso decir de que ya habíamos andado tres días bajo un sol primaveral y era hora de recordarnos que estábamos en Galicia… y de avisarnos de lo que se nos venía encima en lo que nos quedaba.
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