31.5.09

El lujo está a su alcance (si tiene usted 9.000 euros)

Los lectores habituales de este blog habrán leído alguno de los artículos que dedico a los hoteles en los que me alojo y que me parecen recomendables, el de hoy no es una recomendación (bueno, quizá sí, pero no creo que muchos de ustedes puedan seguirla) y tampoco me he alojado en este hotel. No obstante, tengo que contarles que he visitado, sólo visitado, una de las mejores suites de Madrid.

Se trata de la nueva Suite Real del hotel InterContinental en Madrid, resultado de una obra de casi un año de duración que la ha convertido en una de las habitaciones de hotel más lujosas y extraordinarias de la capital.

cama

Son nada más y nada menos que 400 metros cuadrados, 180 de ellos en una espléndida terraza con vistas al paseo de la Castellana y el resto distribuido entre todo tipo de espacios: salón, cocina, comedor, un cuarto de baño cuya ducha es más grande que muchos baños en nuestras casas, un vestidor que podría pasar por dormitorio…

vestidor

Si eso no les parece suficiente hay más: servicios como un mayordomo disponible durante 24 horas al día o un coche de alta gama a completa disposición del cliente.

Supongo que ustedes se preguntarán quién puede pagar los 9.000 euros por noche que costará todo esto, la respuesta me la daba el propio Director General del hotel, Christophe Laure, que me acompañó amablemente durante mi visita: miembros de la realeza, grandes estrellas del espectáculo y otros tipos de multimillonarios que en este momento no se me ocurren.

No es un público muy amplio pero tampoco despreciable: Laure nos cuenta durante la visita que esperan una ocupación que, como mínimo, ronde las 40 noches al año. Teniendo en cuenta el precio y que éste tipo de clientes suele conllevar que se ocupen más habitaciones la cifra de negocio empieza a resultar interesante. Por otra parte, una habitación de estas características también tiene otros usos que complementan el puro de alojamiento: espacio para presentación de productos de lujo, para la celebración de fiestas…

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Por lo pronto me confiesaban que ya hay un par de fechas reservadas en el próximo mes de julio, aunque por desgracia no puedo enterarme de quién será el distinguido huésped sí que puedo apostar que disfrutará de una estancia más que confortable, mucho más que confortable.

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Vea la galería de fotos en mi espacio en Flickr.
Artículo más completo en Libertad Digital.
Página web del Hotel InterContinental Madrid
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28.5.09

¡Times Square se vuelve peatonal!

La que es probablemente la plaza más famosa de la más urbana de las ciudades, la neoyorquina Times Square, ha dejado de ser el lugar por el que miles de coches y más miles de taxis amarillos pasan cada día y es, desde el pasado domingo, uno de los pocos (bueno, en realidad no tan pocos) espacios peatonales de la Gran Manzana.

La idea es un programa piloto del ayuntamiento que durará hasta final de año (entonces se evaluarán sus resultados) y trata de responder a la aglomeración continua de coches y vehículos que suele ser la plaza.

Es cierto que caminar por Times Square a casi cualquier hora del día era una tortura de aglomeraciones y suponía verse sumergido en una marea humana, pero al fin y al cabo era una tortura muy divertida incluso para los propios torturados.

Además, como nostálgico profesional de Nueva York que soy, me preocupa en la distancia que las cosas cambien y no vuelvan a ser como fueron y como a mí me gustaron. No obstante, he de reconocer que en mi propia ciudad las zonas que se han hecho peatonales, sobre todo por el centro y con un interés turístico equiparable, resultan muy agradables, son polos de atracción para el viajero y también se diría que muy rentables comercialmente.

Del mismo modo, y aunque parece ser que también hay atascos importantes (quizá temporales hasta que todo el mundo se acostumbre), parece que a la gente le está gustando la idea y, como se puede ver en esta foto del usuario de Flickr nickdigital, se diría que los neoyorquinos están encantados:

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24.5.09

Viajeros al Tren... de la fresa

El Tren de la Fresa es uno de los pocos trenes turísticos que recorren España y, hasta donde yo sé, el único que se puede tomar en Madrid. Recorre la distancia entre la capital y Aranjuez, la pequeña ciudad junto al Tajo y los palacios reales, y es histórico en dos sentidos: los vagones y la locomotora son antiguos (ésta de vapor) y el trayecto se corresponde con la segunda línea férrea más antigua del país, sólo tres años posterior a la que unía Barcelona y Mataró.

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Es cierto que cualquier tren puede ser turístico si el viajero tiene ojos para apreciar el paisaje, pero esa denominación se guarda para aquellas ocasiones en las que la principal motivación del turista es el propio tren más que el paisaje o el destino.

El trayecto está pensado como una excursión de un día que permita además conocer lo más destacado de Aranjuez, así que el tren sale bastante pronto de Madrid (a las 10 de la mañana) y regresa a eso de las 18,30. Entre ambas salidas se facilita la visita al Palacio Real y una segunda a elegir entre el Museo de Falúas Reales y el Museo Taurino de la ciudad.

Otro punto curioso es que el tren parte de la antigua Estación de las Delicias, convertida hoy en Museo del Ferrocarril y un lugar interesante para los muchos amantes de este tipo de transporte. Además, la estación es por sí misma digna de ser vista, ya que es un espléndido edificio en el típico estilo metálico y grandioso de finales del S XIX en el que después se construyeron grandes y bellas estaciones como la Atocha, hoy convertida en un insípido jardín tropical, o la valenciana Estación del Norte, quizá la más bella de todas y todavía funcionando a pleno rendimiento.

Volviendo al tren de la Fresa, el viaje está amenizado por dos circunstancias principales: la primera es el propio tren, sus vagones de madera separados por plataformas metálicas abiertas en las que se ve el rápido pasar de las traveseras de la vía a nuestros pies.

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La segunda es la gran estrella de todo el tinglado, la bella y negra máquina de vapor que arrastra el tren y nos deleita con sus pitidos y su humo. Una de las cosas que aprendemos de ella es que ese método de tracción aguantó mucho más tiempo del que pensamos los que ya hemos conocido los trenes con la higiénica y metálica belleza del Talgo: la que tira del Tren de Fresa se construyó en 1952, aunque su aspecto es el de las locomotoras de vapor de toda la vida y, para los niños actuales, el de la máquina del tren que lleva a la escuela de magos de Harry Potter.

Los románticos de lo viejo sólo tenemos un pero que ponerle: en un acto de realismo y practicidad pero también de mitofobobia el combustible no es el añorado y hermosamente negro carbón, sino un gasoil mucho más limpio y que hace el viaje infinitamente más cómodo a los operarios, pero cuya combustión da un olor menos “natural” que persiste durante todo el trayecto y que nos hace pensar a veces que más que en un tren histórico vamos en un autocar viejo.

También como parte de la oferta las higiénicas azafatas que ahora vemos en los trenes se transforman en dos divertidas actrices vestidas de época (eso sí, no me pregunten de qué época) que pasan por los vagones interpretando unos simpáticos sainetillos para deleite de niños y turistas japoneses. Además, al subir dan a cada viajero una cajita de plástico con unas pocas pero deliciosas fresas, fruta típica de Aranjuez y que da nombre a todo el trayecto.

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Durante el viaje los aficionados a la fotografía como el que les escribe no tienen muchas oportunidades de sacar grandes fotos, ya que la locomotora está separada de los vagones del pasaje por un infranqueable vagón de mercancías y tampoco hay muchas curvas en las que la perspectiva facilite una buena toma.

Lo más recomendable es correr al llegar a Aranjuez y, sorteando a los muchos viajeros que se hacen fotos ante la máquina, tratar de lograr una toma interesante. La otra posibilidad es llegar a la estación con el suficiente tiempo antes de la vuelta. En ese caso y con un poco de suerte quizá pueda incluso subirse al terriblemente cálido espacio de los maquinistas, charlar con ellos y hacer que toquen el silbato para gozo de los churumbeles.

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La vuelta tiene algo de anacrónica modorra, acercándose a Madrid a través de los suburbios capitalinos que tan poco casan con el tren, que se mueve con cierta pereza y parece no querer llegar en realidad a ese lugar, estación pero también museo, en el que languidece como una curiosidad en vez de trotar por las vías.

Y finalmente bajamos de él sin darnos cuenta de que pasará mucho tiempo antes de que volvamos a viajar en tren, aunque puede que sí lo hagamos en una de esas rápidas, eficaces e insípidas moderneces que nos llevan de un sitio a otro.

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Página web del Tren de la Fresa.
Mis fotos del viaje en Flickr.
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21.5.09

Hoteles de pesadilla

Una de las mayores utilidades de Tripadvisor, la interesante página de viajes de la que ya les he hablado alguna vez, no es tanto saber a qué hotel vamos a ir como descubrir aquellos que no debemos visitar bajo ningún concepto.

Y es que hay establecimientos hoteleros que en vez del prometido descanso, del relax y el placer playero que buscamos en unas vacaciones nos ofrecen noches de auténtica pesadilla en las que puede que no nos encontremos a Anthony Perkins con un cuchillo jamonero en la ducha, pero sí otras cosas casi tan desagradables en los baños.

Así, en el último boletín de Tripadvisor nos cuentas unas cuantas películas de miedo que tienen como “escenarios naturales” hoteles de todo el mundo. Además, son historias que reúnen prácticamente todo, es decir, cuando la higiene deja bastante que desear eso no suele compensarse con el desayuno y el trato personal ni puede definirse con términos como “profesionalidad” o “amabilidad”.

Hay horrores de lo más variado: unos turistas en Bali se encontraron un ratón nadando tranquilamente en el váter, además se quejan de que el desayuno era un desastre y “el bacon no sabía a bacon”. Afortunadamente para ellos, no han llegado a establecer una posible relación entre ambos hechos.

Otro turista, de forma un tanto injusta creo yo, critica a un hotel de Nueva York porque en mitad de la noche el techo del establecimiento voló literalmente y el hotel se inundó por completo, incluida su habitación. Hombre, yo creo que culpar al hotel de las catástrofes naturales no es justo…

Los pubs irlandeses son algo encantador y uno de los reclamos turísticos de la verde Eire, pero la cosa pierde guasa cuando tienes uno justo debajo de tu habitación y el ruido es insoportable hasta las dos de la madrugada, hora en la que toman el relevo los vecinos con un extraño ataque de locura. El colofón perfecto: que la mujer de la limpieza te eche de la habitación a las 11 de la mañana después de dormir cuatro horas escasas.

Hay historias menos espectaculares pero que no dejaron de fastidiarle las vacaciones a alguien, como al crédulo turista que reservó una habitación “con vistas al océano” y resultó que tenía unas espléndidas vistas… a una autovía.

Personalmente, no recuerdo grandes traumas en mis experiencias hoteleras, con la excepción de una noche que pasé en un hostal de mala muerte en la costa catalana por motivos que no vienen al caso. La cama era de una calidad tal que no habría podido descansar ni la momia de Ramsés II, pero lo peor no fue eso sino que mi compañero de habitación, un familiar por el que guardo un fuerte aprecio, no se mostró muy de acuerdo con mi apreciación sobre la comodidad de los colchones y decidió llevar el ronquido a una nueva frontera, convertirlo en deporte olímpico o vaya usted a saber qué (pero aquello tenía que tener un propósito).

Para más INRI, ese mismo día había hecho un viaje bastante largo, había asistido a un acontecimiento social agotador y la temperatura rondaba los 40 grados con una bonita humedad, es decir, estaba roto.

No dormí absolutamente nada y ya cansado de dar vueltas decidí que me levantaría a las siete de la mañana y me iría a desayunar. Ya fuese por la ley de Murphy o porque ya no quedaban más plusmarcas de ronquidos que atacar, mi compañero de habitación decidió entrar en un profundo silencio justo a las 6:55.

Creo que nunca me he sentido tan desgraciado. Por supuesto, ya fui incapaz de dormir.

Pero ustedes no se preocupen, la última vez que pasé por allí aquel infecto local ya había cerrado, supongo que no pudieron resistir los ronquidos.
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14.5.09

La fotogenia del Atomium

No se dejen engañar, el Atomium no es demasiado bonito; espectacular quizá, pero tampoco tanto como la Torre Eiffel, por poner un ejemplo (y eso que tiene bastantes años menos, o quizá precisamente por eso, no sé). Sin embargo, no deja de ser una visita interesante que hacer en Bruselas y, sobre todo, tiene una virtud que los que siempre llevamos la cámara colgando en nuestros viajes: es tremendamente fotogénico.

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Como muchos de ustedes sabrán, el Atomium se construyó para la Exposición Universal Celebrada en la capital belga en 1958. Fue un diseño del ingeniero André Waterkeyn y sus nueve bolas de acero interconectadas representan un cristal de hierro ampliado 165 mil millones de veces, o al menos eso es lo que dice la Wikipedia pues, como comprenderán, el día de mi visita no me aprendí la cifra de memoria.

La idea al levantarlo era que durara sólo seis meses, pero el año pasado cumplió medio siglo de vida, aunque para ello tuvo que pasar por una seria restauración de dos años que terminó precisamente en el 2008.

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No es el único edificio famoso que ha nacido para una exposición de este estilo, también ese fue el motivo por el que se levantó la Torre Eiffel que mencionábamos antes, e incluso la Plaza de España en Sevilla tuvo su origen en una Exposición Iberoamericana (nosotros siempre dando una nota folclórica).

Eso sí, ahí se acaban todas las posibles comparaciones entre el monumento de Bruselas y la torre parisina, no sólo porque aquella es tres veces más grande que éste (más de 330 metros de altura frente a 105), sino porque el trabajo de Eiffel y sus subordinados supuso un reto arquitectónico inaudito para la época y requirió desarrollar soluciones de ingeniería que nunca antes se habían intentado. El Atomium, si bien es un diseño original, no significó un avance del mismo tipo.

En su interior

Hoy por hoy el Atomium se dedica a lo típico para lo que “sirven” este tipo de monumentos: peculiares salas de exposiciones y, como mucho, un restaurante. En este caso algunas de las “bolas” nos cuentan lo que supuso la Exposición Universal para la Bélgica de los años 50, con algunos detalles sobre la su organización y unos bonitos carteles de la época.

Otras “bolas” se dedican a exposiciones temporales, de las típicas sin demasiado interés y con un montaje audiovisual para que las visiten los colegios. Aunque la verdad es que tampoco las grandes esferas de 18 metros de diámetro parecen un lugar muy óptimo para el montaje de cualquier exposición.

Por último, la más alta de las plataformas es el típico mirador – restaurante, aunque en este caso las vistas tampoco son nada muy allá: el Atomium está en las afueras de la ciudad y no hay nada muy interesante que ver por allí.

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Si que son llamativas las escaleras que unen las diferentes esferas, los tubos que se ven desde el exterior y que me parecieron de lo más estético del conjunto, aunque no sabría explicarles la razón. Quizá fuese ese aire futurista – sesentero de película mala de ciencia ficción, lo cierto es que tienen su gracia.

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Pero lo mejor, como les decía al principio, es la fotogenia del conjunto: con gran angular, con tele, de una de las esferas a las otras, en las escaleras… Todo parece más interesante a través del visor de la cámara, así que aquellos que cuando vuelven de una ciudad han acumulado unas cuantas decenas de fotos en su cámara seguro que disfrutarán de su visita al Atomium.

Los demás también, no crean, pero por si acaso tampoco eleven mucho el listón de sus expectativas.

Y si alguien quiere más...
Página oficial del Atomium
El Atomium en la Wikipedia
Galería de mis fotos del Atomium
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10.5.09

¿Cuál es la ciudad más fotografiada del mundo?

Con una diferencia de un par de días encuentro dos estudios que tratan de dilucidar cuál es la ciudad más fotografiada del mundo. Curiosamente, los dos se basan en lo mismo (un análisis de fotografías subidas a Flickr) pero llegan a distintas conclusiones.

Así, según la revista Life la ganadora de la “competición” es Londres, mientras que la segunda es Nueva York y la tercera París; mientras, en un estudio realizado por unos profesores de la Cornell University, en Estados Unidos, las dos primeras intercambiarían sus posiciones, siendo la primera la Gran Manzana, la segunda la capital británica y el tercer puesto para San Francisco.

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La verdad es que el segundo estudio, que he encontrado a través de Alt1040, parece muy serio (no se pierdan el impresionante pdf con el que se presenta) y tiendo a creer más en él (bueno, y también por mi vocación de new yorker que los lectores de este blog ya conocen) aunque tiene algunas paradojas.

Así, también se incluyen los monumentos o lugares más fotografiados de cada ciudad y una clasificación de los siete primeros de todo el mundo. Curiosamente, y a pesar de que según este estudio Nueva York es la ciudad más fotografiada, ninguna de sus grandes estrellas turísticas está entre las cinco de las que más imágenes se sacan en el mundo, y hay que esperar al séptimo lugar para encontrar al Empire State Building.

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La lista completa según Life es esta:

1. Londres
2. Nueva York
3. París
4. San Francisco
5. Chicago
6. Tokio
7. Seattle
8. Berlín
9. Barcelona
10. Toronto

Mientras que la de la universidad americana queda así:

1. Nueva York
2. Londres
3. San Francisco
4. París
5. Los Ángeles
6. Chicago
7. Washington
8. Seattle
9. Roma
10. Ámsterdam

Como verán, en las dos hay grandes ausencias y presencias un tanto sorprendentes, supongo que partir del estudio de Flickr es un método que plantea ciertas carencias y ciertos sesgos.

Barcelona y Madrid, lo más fotografiado de aquí

En cuanto a las ciudades españolas, tienen distinta suerte según a qué clasificación atendamos, así en la de Life Barcelona llega al noveno puesto y Madrid no aparece (sólo se cuentan las 10 primeras); los profesores de la Cornell University bajan a la ciudad condal a la 12º posición y colocan a la capital como la 20ª.

Además, en Barcelona los lugares más fotografiados son: la Sagrada Familia, el Parque Güell, el mercado de la Boquería, la Catedral, la Casa Milà, y la Casa Batlló. Como pueden ver el protagonismo de Gaudí es abrumador.

En Madrid, por su parte, lo que más instantáneas genera es la Plaza Mayor, seguida de la Puerta del Sol, Cibeles, la Catedral (que ya son ganas de fotografiar cosas feas), la plaza de Callao, el edificio Metrópolis (en la esquina de Alcalá y Gran Vía), y el Parque del Retiro. En este caso mis dos sorpresas han sido lo de la catedral y lo del Metrópolis, aunque desde luego es una de las esquinas más bellas de la capital:

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9.5.09

La grandeza de San Pedro

Puede que San Pedro no sea la iglesia más bella de Roma, pero desde luego es la más impresionante. Y no sólo es una cuestión de tamaño, en este caso lo grande es también grandioso y, sobre todo, causa un impacto en el visitante, completamente disminuido ante las columnas, las estatuas, el Baldaquino

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Supongo que en la impresión que causa cuenta y no poco la magia del lugar, su significación religiosa, su historia. Ya he comentado en alguna ocasión anterior (hablando de Jerusalén, de dónde si no) que los lugares santos tienen un atractivo especial y en Roma, que también es ciudad santa, la mayor parte de esa fuerza se acumula en dos puntos: el Coliseo y San Pedro (bueno, y también algo en las Catacumbas).

La experiencia viajera en San Pedro empieza mucho más allá de las puertas de la basílica, si me apuran se va experimentando desde buena parte de la ciudad, en los muchos lugares en los que podemos ver a lo lejos la tremenda cúpula de Miguel Ángel, más grande que la de la catedral de Florencia si bien no más bella, según se cuenta que dijo el propio artista.

La cosa va creciendo en intensidad cuando cruzamos el Tíber y se acerca a un primer clímax al adentrarnos en la Plaza de San Pedro y vernos rodeados por la inmensa columnata de Bernini, pero incluso después entrar en la iglesia propiamente dicha sigue maravillándonos y dejándonos, literalmente, con la boca abierta.

En la nave central, orgullosamente fundidas en el suelo, unas marcas señalan la longitud que alcanzan los siguientes templos cristianos más grandes del mundo: San Pablo, en Londres; la Catedral de Sevilla… edificios enormes cuyo inicio encontraríamos unos metros en el interior de San Pedro, que los empequeñece.

La basílica romana guarda maravillosas obras de arte, barrocos sepulcros de papas cuyo nombre no recordaríamos de no ser porque están allí, bajo una inmensidad de mármol y belleza. Pero además estas obras, San Pedro tiene puntos más puramente turísticos, lugares en los que hasta el menos apasionado por el arte disfruta de las vistas o del recorrido arquitectónico.

El más espectacular de ellos es la subida a la cúpula, que se hace por el estrecho (realmente estrecho) espacio entre la techumbre exterior y la decoración interior. Por ese pequeño hueco y a través de un empinada escalera que, además, nos obliga a subir inclinados hacia un lado para adaptarnos a la curvatura de la cubierta, llegamos a la torrecilla superior desde la que observamos el impresionante panorama de la Ciudad Eterna, con la plaza de San Pedro abriéndose a nuestros pies.

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A mitad de camino habremos dejado el techo de la catedral, desde el que también podemos asomarnos a la plaza rodeados de las imponentes estatuas de antiguos santos, a menos altura (la cúpula sobrepasa los 130 metros) pero quizá en una posición que nos hace disfrutar más de los detalles.

Y en el lado contrario, bajo el nivel del suelo en lugar de sobre los techos, tumbas de santos y de papas, más mármol, más curiosidades, mucho más que ver, en suma.

Por supuesto, la visita al Vaticano (de un par de días como mínimo) debe completarse con un paseo por sus maravillosos Museos, pero de eso hablaremos otro día…
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6.5.09

Un suelo de cristal… ¡a más de 400 metros!

La Torre Sears es una de las atracciones turísticas más conocidas de Chicago, la ciudad que tiene entre sus ciudadanos ilustres a Barack Obama y que, tal y como están las cosas respecto al político americano, dentro de cuatro días será de peregrinación obligada.


La mayor ciudad del estado de Illinois (la capital del estado es Springfield, no sé si la de los Simpson) es conocida en todo el mundo por su arquitectura, al parecer una de las más interesantes de los Estados Unidos, y dentro de esto las Torre Sears es un hito singular con sus 443 metros de altura (sin contar las enormes antenas), que la convierten en uno de los edificios más altos del mundo.

Actualmente su mirador, el Skydeck, está situado a más de 400 metros de altura y es visitado por 1.300.000 turistas cada año, pero creo que esta cifra se incrementará a partir de julio, cuando se abra un nuevo e impresionante espacio ¡con el suelo de cristal!

Se trata de “la cornisa” (traduzco de "Ledge"), un saliente de algo más de un metro con el suelo y las paredes de cristal que ofrecerán un panorama impresionante de la ciudad desde su descomunal altura y una sensación de vértigo que difícilmente podremos encontrar en otros lugares.


Viendo las recreaciones infográficas que les dejo (cortesía de la web del Skydeck) la verdad es que habrá que ser un valiente.
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3.5.09

Carlos I en la catedral de Santa Gúdula de Bruselas

Aunque rara vez nos acordamos (también es cierto que no hay muchos rastros que lo recuerden) hubo un tiempo en el que Bruselas y Madrid tenían un mismo rey. En la capital sólo he encontrado dos recuerdos de ello: una placa a los “patriotas” que fueron ajusticiados en la Grande Place por orden de Felipe II; y un retrato de Carlos I en un cuadro de Michel Coxcie en la catedral de Santa Gúdula de la capital belga.

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La conexión es un poco mayor si recordamos que en esa misma catedral Carlos V fue coronado Carlos I de España y si sabemos que, a pesar de que Coxcie no es hoy un nombre de primera fila de la historia de la pintura (sus cuadros son buenos, pero no logran maravillarnos como los de algunos de sus contemporáneos), en su momento sí era uno de los más famosos artistas de los Países Bajos y tanto Carlos I como su hijo Felipe II eran, probablemente, sus principales clientes y coleccionistas. De hecho, varios de sus cuadros pueden verse todavía en El Escorial.

Toda esta introducción me sirve para animarles a visitar la imponente catedral de Bruselas, sin duda uno de los atractivos de la ciudad, que es un excelente ejemplo de arquitectura gótica y que cuenta en su interior con algunas estimables obras de arte.

Ciertamente, cuando llegué a las puertas del gran edificio no me llamó excesivamente la atención. Su fachada es gótica y hermosa, pero un tanto impersonal, si me permiten una afirmación un tanto chocante. No es que haya en ella nada antiestético o poco armónico, pero da la impresión de poder ser la portada de cualquier catedral, diría yo que le falta algún elemento que le de cierto carácter.

No descarten que esto sea simplemente una tontería mía, y también pudiera ser que esta impresión fuese responsabilidad, al menos en parte, de un día gris de luz plana y cielos blancos que en nada favorecían a la piedra clara y limpia que eleva el edificio hasta su considerable altura.

Esta impresión, no obstante, cambia en cuanto se entra en el edificio y uno va apreciando algunos detalles que le van dando valor; los dos primeros son su pureza de líneas góticas, no demasiado fácil de encontrar en España donde las catedrales se iban reformando (y en muchos casos estropeando) a lo largo de los siglos; y la ausencia del coro en la nave central (de nuevo extraña en nuestro país) que ofrece así una muy bella perspectiva.

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Capítulo aparte merecen las vidrieras, que transforman el exterior un tanto anodino del que les hablaba en un interior lleno de personalidad, luz y belleza. Se trata de una obra renacentista realizada a partir de diseños de Van Orley que, por cierto, fue maestro del antes mencionado Coxcie.

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Otro elemento ciertamente impresionante de la catedral es el tremendo púlpito de madera labrada que se puede ver a mitad de la nave central (una posición un tanto inusual, estoy acostumbrado a verlo más cerca del crucero) y que es un fantástico ejemplo de escultura barroca, con un toque un tanto tenebroso (reproduce la expulsión de Adán y Eva del Paraíso) que debía irle de perlas al párroco para impresionar e incluso aterrorizar a una feligresía que hoy en día, con unos oficios religiosos bastante menos atemorizadores y las llamas del infierno algo más lejanas, simplemente admirará la belleza del trabajo del artista.

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Por último, hay un pequeño museo catedralicio en una preciosa capilla a la izquierda del altar con algunas obras de arte interesantes que no debe perderse, y una cripta con los restos de la anterior iglesia románica que también merece una visita.

Obvio es decirlo: si pasan por Bruselas no se lo pierdan.

MÁS INFORMACIÓN
Web de la propia catedral.
Artículo en Donde Viajar.
Mis fotos en Flickr de la catedral y de otros lugares de Bruselas.
Más artículos sobre Bruselas en este blog.
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1.5.09

No todo es fútbol en Madrid y Barcelona

Ni siquiera en esta semana en la que el partido del siglo es más partido del siglo que nunca todo en Madrid y Barcelona es fútbol, al menos para los redactores del suplemento de viajes del New York Times, que siguen considerándolas ciudades turísticas más allá del Berbabéu y el Nou Camp.

Así, a día de hoy podemos encontrar un par de artículos sobre las dos ciudades más grandes de España, un empate que muy poco gustaría a los madridistas pero que demuestra que nuestro país sigue siendo un destino bien considerado en la Gran Manzana.

El que se refiere a Madrid está dentro de un amplio e interesante conjunto de artículos titulado “Europa para todos los bolsillos” y en el que se ofrecen ideas para viajes ahorrativos o derrochadores a lugares como París, Berlín, Londres, Dublín, Lisboa, Praga…

Se trata de proponer planes a un coste predefinido de 250 dólares para los que andamos caninos y de 1000 para los menos preocupados por la crisis. Las diferencias parten desde el alojamiento (un hostal cerca de la Plaza de Santa Ana en el primer caso y el carísimo Villamagna en el segundo) hasta las comidas y las compras.

Me ha hecho bastante gracia cómo explica el concepto de “menú del día” a los americanos que, obviamente, no lo conocen:

Most restaurants offer a set lunch menu called the menu del dia with a choice of starter and entree plus dessert or coffee — and maybe a glass of wine — often for 10 euros or less.
La mayoría de los restaurantes ofrecen un menú de almuerzo llamado “el menú del día” con una opción de entrante, un plato y postre o café - y tal vez un vaso de vino - a menudo por 10 euros o menos.

Por cierto, hace unos 18 meses los menús del día por menos de 10 euros eran una rara excepción en la mayor parte de zonas de la capital (y desde luego en las turísticas) mientras que ahora son efectivamente muy frecuentes, para que luego digan que no se nota la crisis.

Además, nos manda a cenar a Casa Labra (un muy recomendable bar y restaurante especializado en bacalao al lado de la Puerta del Sol), de compras por la calle Toledo, a los museos cuando se puede entrar gratis y de marcha por Las Vistillas.

El plan caro casi que ni se lo cuento, baste con decir que pasa por la tienda de Loewe y por bares en los que una comida te sale por 150 euros.

El reportaje sobre Barcelona se parece a uno que ya reseñamos aquí sobre Madrid que diseñaba un intenso recorrido por la ciudad en 36 horas y, como en aquel caso, se trata de un auténtico raid en el que se tocan museos, edificios, zonas, restaurantes…

Pasa por maravillas como Santa María del Mar, el Liceu o el Palau de la Música Catalana; nos invita al Macba y al Museu Picaso; y nos hace caminar por el paseo marítimo de la Barceloneta y, por supuesto, por las Ramblas. Personalmente echo de menos (y mucho) una o dos referencias a Gaudí, pero está claro que 36 horas no dan para todo, ni siquiera cuando, como es el caso, las estiramos hasta que parecen 72.
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