30.3.09

Personajes de mis viajes: el reverendo en Junior’s (y II)

(Sigo con el relato que empezamos ayer sobre uno de los personajes más peculiares que me he encontrado en mis viajes. Recuerden que la primera parte de esta historia está aquí).

Estaba acompañado de otros dos hombres, más jóvenes los dos y uno de hecho muy joven: pensé que tendría unos 16 años, mientras que el otro, quizá hermano mayor del primero, parecía tener veintimuchos.


Ambos trataban al del traje a cuadros con una especial forma de respeto, algo reverencial, propia no sólo del trato a alguien de más edad o de la familia sino destinada a una persona con una especial posición dentro del círculo social.

No podía entender toda su conversación a pesar del empeño que ponía en ello (“espiar” a los vecinos de mesa es una de las más entretenidas ocupaciones a las que uno se puede dedicar cuando viaja solo), pero el Junior’s estaba lleno y era bastante ruidoso y yo no llevaba demasiado tiempo en la ciudad y mi inglés no estaba completamente engrasado.

De los retazos que iba cogiendo entendí que, a pesar de su estrafalaria indumentaria, el hombre del traje a cuadros debía ser reverendo, predicador o el cargo que correspondiese en alguna iglesia de la zona. Por otra parte, el más joven de los acompañantes había encontrado el camino de Dios no hacía mucho, después de una vida no demasiado ordenada que “ya había quedado atrás”, como decía el propio chico ante la aprobación de su hermano (supongamos que lo era) y del reverendo (supongamos también, puestos a suponer, que ese era su título).

La conversación quedaba frecuentemente interrumpida por personas que saludaban al reverendo, le presentaban a familiares suyos con frases como “este es el sobrino de que le hablé”. Él les hablaba amablemente, les hacía un par de preguntas, les daba alguna recomendación, les emplazaba a visitarle algún otro día…

Siguiendo un código que no logré desentrañar porque a mi todo el mundo me parecía muy similar, a algunas personas las respondía sentado en su sitio mientras que en el caso de otras, las menos, se levantaba y mantenía la breve conversación de pie, junto a la mesa.

Ya fuese de pie o sentado la gente que se acercaba a él le trataba con ese respeto reverencial del que les hablaba antes y que dejaba claro que ese hombre no era un miembro más de la comunidad, sino alguien con una especial preeminencia en ella.

Terminada ya la tarta hacía bastante rato, sin ganas de comer nada más y con el puente de Brooklyn esperándome decidí levantarme y salir de Junior’s y de ese mundo “billcosbyniano” para volver a la realidad neoyorquina.

Por supuesto aproveché para echar un último vistazo al reverendo y sus acompañantes y en ese momento no pude dejar de compararle con el único personaje con una posición similar que conozco bien: el cura de mi pueblo, que es un sujeto bastante deplorable (no por cura sino por otras "virtudes" que le "adornan") al que media parroquia no puede ni ver y con el que una escena similar sería imposible: ni estaría con esa actitud en un restaurante, ni la gente le saludaría con ese respeto ni, por supuesto, se pondría jamás un traje de cuadros verdes con una pajarita a juego.

Eso sí, con o sin traje, algo me dice que puedo estar seguro de que los sermones del reverendo de Junior’s son infinitamente mejores.

PD.: Lamentablemente, no hice una foto al reverendo, estaba demasiado cerca para “robarla” y no sabía muy bien como explicarle por qué razón quería fotografiarle sin que se notase que me parecía un bicho raro. Y no olviden que la primera parte de esta historia está aquí.
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29.3.09

Personajes de mis viajes: el reverendo en Junior’s (I)

Una de las profesoras de inglés que tuve en Nueva York juraba y perjuraba que la mejor Strawberry Cheesecake de la ciudad era la que preparaban en Junior’s, un viejo restaurante de Brooklyn que hoy por hoy tiene fama en toda la ciudad e incluso un par de locales más, nada menos que en Time’s Square y la Grand Central Station.


Si mi memoria no me engaña, cuando yo visité la Gran Manzana sólo estaba el viejo local de Brooklyn, fundado en 1950, así que un domingo me decidí a hacerle una visita y me puse a andar, desde mi base de operaciones en la parte chic de Williamsburg con la intención de probar la famosa tarta y, quizá, cruzar el puente de Brooklyn a pie.

Aunque Williamsburg es también parte de Brooklyn la excursión era de un par de horas andando y lo que es mejor, atravesando barriadas muy distintas de la ciudad, desde el Williamsburg judío, con zonas en las que uno llegaba a pensar que se encontraba en un peculiar Israel (autobuses escolares en domingo, hombres y mujeres vestidos y peinados del modo más tradicional, restaurantes kosher, rótulos en hebreo…), hasta algunos barrios negros en los que tenía la falsa sensación de ser el primer blanco que pasaba en décadas; o la zona cerca de mi casa en la que había búlgaros y rusos e incluso una catedral ortodoxa con las tradicionales cúpulas con forma de cebolla.

Por fin llegué a la esquina entre 386 Flatbush Avenue Extension y Dekalb Avenue en la que se encuentra el restaurante y encontré una mesa en la que me dispuse a pasar un buen rato, tarta mediante. La tarta estaba rica, sí, pero tampoco era algo tan inolvidable: como la mayoría de los postres que tomé en Nueva York el exceso de azúcar era una tara casi insuperable para mí.

Sin embargo, lo que me encantó fue el restaurante en sí, decorado como si todavía estuviésemos en los años 50 (supongo que lo mantienen tal y como era cuando se inauguró) y con un ambiente muy familiar y bastante cercano, a pesar de que no es ni mucho menos un local pequeño.

El público me resultó también fascinante: además de unos pocos turistas despistados como yo mismo la inmensa mayoría de los clientes eran familias negras que se acercaban a comer algo después del oficio religioso y vestidos de domingo. Normalmente, todos los miembros de la familia participaban en la excursión y el restaurante se iba llenando de grupos que, en no pocos casos, se saludaban de una a otra mesa como educados vecinos o, quizá, miembros de la misma iglesia.

Perdonen la simpleza, pero me sentía dentro de una serie de Bill Cosby y descubrí que algunos de los personajes que aparecían en aquellas comedias televisivas eran mucho más reales de lo que podíamos pensar desde España: los jóvenes trajeados pero a lo moderno, las abuelitas con sombreros de lo más coquetos y con redecilla, los padres de familia también trajeados pero con tirantes…

Casualmente, el personaje más llamativo del local estaba sentado en la mesa junto a la mía: un hombre de color de unos 50 años vestido con un imposible traje de cuadros verdes y blancos (puede que fuesen marrones, soy algo daltónico), sombrero a juego, pajarita, las manos cargadas de anillos de oro y un bastón que parecía no tener otra utilidad que culminar el conjunto de la forma más estilosa posible.

Este es (o será), el auténtico protagonista de este artículo, pero como con la introducción ya me he alargado peligrosamente voy a dejarles con la miel en los labios y continuaremos mañana hablando de él.

PD.: La foto de la tarta es, obviamente, de la página web de Junior's.
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24.3.09

El espectáculo de las tiendas de Bruselas

Una de las cosas que más me ha llamado la atención de Bruselas, supongo que por lo inesperado, ha sido las maravillosas tiendas que jalonaban todo el centro de la ciudad, de las más “bien puestas” que he visto en mi vida.

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Por supuesto, las reinas eran las de chocolate y confitería, que por algo el chocolate belga es el chocolate belga, pero la delicadeza, el buen gusto, el orden e incluso el lujo de las bombonerías parece haberse transmitido a muchos más campos y casi cualquier tienda de casi cualquier cosa nos ofrecía interiores palaciegos, escaparates primorosos y productos colocados con un esmero que casi daba pena tocarlos para comprar uno.

Debe ser tradición que venga de antiguo porque las Galerías Saint Hubert, uno de los lugares más deliciosos de la ciudad y con algunas de las mejores tiendas, fueron inauguradas en 1847. Su elegante pasillo bajo la protección de la elevada cristalera es un refugio idóneo para los días (que no deben ser pocos) en los que el tiempo haga de pasear por la calle un ejercicio poco apacible.

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Sin mojarnos y sin frío podemos contemplar fastuosos escaparates de chocolaterías, de tiendas de moda, de zapaterías… e incluso una maravillosa librería que parece estar allí desde mediados del S XIX con un ambiente tan agradable, tranquilo y cálido que a uno le entran ganas hasta de comprar libros en flamenco.

También en la galería varias cafeterías con un aspecto excelente en las que el viajero que se atreva a desafiar a los previsiblemente nada contenidos precios podrá disfrutar incluso de una terracita a cubierto, viendo el ir y venir de los bruselenses.

Las tiendas en la iglesia

Otro ejemplo de la pasión de la ciudad por las tiendas que también me llamó poderosamente la atención es la iglesia de San Nicolás, un pequeño templo situado en el casco histórico, cerca de la Grande-Place, que pasaría bastante desapercibida de no ser porque en su exterior, y adosadas de una forma un tanto extraña para mí, un montón de tiendas ofrecen sus productos como si de un mercado se tratase.

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Y no crean que se trata de comercios de productos religiosos, imaginería o hábitos como algunos que se pueden ver en el centro de Madrid, un simple ejercicio de memoria me lleva a acordarme de un par de relojerías bastante espectaculares, algunas tiendas de ropa, una panadería con un aspecto impresionante y una tienda de quesos ante la que la gula era más una necesidad que un pecado (y eso por no hablar de la charcutería de enfrente).

Sólo un pero que poner: el primero las inclasificables tiendas de regalos para turistas, que olvidaban casi todo el glamour de sus vecinas y se diferenciaban bastante poco de sus congéneres en otras ciudades del mundo, con capítulo de sordidez aparte para las reproducciones del Manneken Pis.

Y el segundo para las tiendas de ganchillo, una tradición del antiguo Flandes que los Austrias trajeron a España en mala hora (lo siento, pero detesto el ganchillo en todas sus variantes, debe ser un trauma de la niñez) y que tenía en tres o cuatro tiendas por el centro un reducto de resistencia, eso sí, asaltado por los desaprensivos turistas que obligaban a prohibir la entrada a todo aquel que fuese armado… de un gofre.

PD.: No se pierdan la galería de las fotos de tiendas y esparates que tomé en Bruselas.
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21.3.09

¿La atracción turística más sobrevalorada del mundo?

Normalmente los lugares turísticos conocidos en todo el mundo tienen interés, no todos son bellos, hay bastantes incluso desagradables, algunos decepcionan las altas expectativas que habíamos puesto en ellos, pero es muy raro que al llegar a uno de esos sitios que todos conocemos incluso antes de visitarlo resulte que no logremos entender las razones de su fama.

Y eso es exactamente lo que ocurre con el famoso Manneken Pis de Bruselas, que al llegar a él uno se pregunta… ¿y esto es todo?

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Pese a que no tiene demasiada buena fama a mí me ha gustado Bruselas, obviamente no es una ciudad comparable a otras capitales europeas como París, Berlín, Roma o el propio Madrid, pero sí que merece una visita y tiene, como muchos ya sabrán, una de las plazas más hermosas del mundo.

Sin embargo, el famosísimo Manneken Pis no es ni más ni menos que lo que parece: una estatua de medio metro de un niño meando, sin particular belleza y colocada en una esquina como otra cualquiera de la ciudad, vamos, lo que popularmente se denomina “una full”.

De acuerdo, es cierto que tiene toda una historia detrás: hay documentos de finales del S XIV en los que se le cita y la actual estatua original (que está en el Museo de la Ciudad, la que se ve es una réplica puesta allí por seguridad tras un robo en los sesenta) es de 1618.

Pero estoy seguro de que el 90% de los turistas que se paran frente al meoncete y se hacen toneladas de fotografías con la pequeña figura de bronce como fondo, o los que se compran las figurillas de dudoso gusto en las que le sale al niño un sacacorchos de salva sea la parte, no conocen ni esa historia ni las leyendas que existen alrededor del origen de la figura.

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También estoy convencido de que para los ciudadanos de Bruselas será un icono la mar de entrañable y un símbolo de independencia, fiereza o de lo que sea, algo que seguramente al turista también le pasará completamente desapercibido.

Así que, poniendo en la balanza todo esto creo que no somos injustos si concedemos al pequeño meón el título honorífico de la atracción turística más sobrevalorada del mundo. Eso sí, si van a Bruselas no dejen de verlo, no querrán luego contar su experiencia de la ciudad y que les falte el Manneken Pis por el que todos les preguntarán :-).
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16.3.09

¿Han estado alguna vez en la cabina de un A380?

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Pues yo tampoco, aunque viendo y moviéndome por esta increíble vista (no sé bien como llamarlo) uno tiene la sensación de casi estar en el puesto de mando del avión comercial más grande del mundo.

Pueden moverse por la imagen con su ratón, y pueden también acercarse a los mandos para ver todo más de cerca, desafortunadamente, no se puede "tocar".

Se trata de un trabajo de Gilles Vidal, un fotógrafo francés especializado en imágenes panorámicas en cuya página web hay otras muestras de su habilidad. La foto es, obviamente, un pantallazo que me he tomado la libertad de tomar y que agradezco al propio Gilles en la confianza de que éste agradecimiento y los enlaces evitarán la demanda :-).
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15.3.09

Pues resulta que volar en Ryanair no está tan mal

Como ya les anuncié hace unos días he estado de viaje jueves y viernes. El destino elegido ha sido Bruselas y, aunque el motivo central de la visita no era el turismo, sí ha habido, por supuesto, bastante turismo.

Pero de todo lo que he visto ya les hablaré en las próximas semanas (o meses, ya saben ustedes lo pesado que puedo llegar a ser :-), hoy de lo que quiero escribir es del viajé en sí, es decir, de los vuelos que me han llevado (y traído) a la oficiosa capital de Europa y que han sido operados por la polémica compañía Ryanair.

En parte por la propia personalidad de su CEO, Michael O'Leary, en parte por algunas polémicas decisiones empresariales y en parte por su agresiva forma de entender el low cost, Ryanair es una compañía que genera mucha polémica y una cierta desconfianza y de la que imagino que pocos esperarán un servicio de calidad.

Pero, ¿qué es un servicio de calidad en una aerolínea? Por supuesto el concepto depende del cada cliente en cuestión y también del vuelo elegido (no se requiere los mismos servicios en un Madrid - Bruselas que en un Madrid - Tokio), pero para un servidor un buen vuelo es uno que me ofrezca puntualidad, que no me pierda la maleta y que se haga un avión limpio en aparente buen estado de conservación.

En esta ocasión sólo llevaba equipaje de mano así que de las maletas no les puedo dar una opinión basada en la propia experiencia, pero de lo demás sólo puedo hablar bien: dos vuelos puntuales en sendos Boeing 737 prácticamente nuevos, limpios y sin mayores incidencias reseñables. Además, buscando por ahí resulta que, pese a su no muy buena prensa, Ryanair es una de las compañías más puntuales de Europa y de las que menos maletas pierde.

El precio de los billetes fue de unos 50 € por trayecto (lo más barato que encontré), a los que hay que añadir un par de euros extra para para poder tener prioridad en el embarque, algo realmente recomendable que nos permitió elegir y disfrutar asientos
mucho más cómodos en las salidas de emergencia, ya que tienen espacio para que uno pueda alargar las piernas.

Por supuesto, la compañía está muy enfocada a obtener ingresos suplementarios por otros métodos más allá del precio del pasaje. Así, además de ese extra por el embarque prioritario cobran 30 € por maleta que se facture; un suplemento según la tarjeta de crédito con la que se efectúe el pago (en mi caso ya está incluído en los 50 euros por trayecto de los que les he hablado) y que se pueden evitar si se dispone de una Visa Electron o de la propia tarjeta de Ryanair; lo habituales precios abusivos de refrescos, bebidas y comidas; el no menos común carrito de los perfumes y demás chorradas; publicidad en las portezuelas de los portamaletas...

Sin embargo, lo que se lleva la palma es el rasca y gana que ofrecen a mitad de vuelo, unas tarjetas con premios varios que el viajero puede descubrir a mitad del vuelo y que, según nos explican insistentemente en inglés y español, incluyen una donación (cuya cuantía no se especifica) a una ONG llamada Orbis y que trabaja, al parecer, para prevenir la ceguera en los niños del tercer mundo.

Una última muestra del espíritu ahorrativo de la compañía: la revista oficial que se reparte entre los pasajeros... se recoge poco antes de terminar el vuelo, no te la puedes llevar.

A mí, la verdad, me parece muy bien que Ryanair saque dinero de debajo de las piedras si eso le sirve para mantener mis billetes a un precio competitivo, es un modelo de negocio que resulta razonable, especialmente en determinado tipo de trayecto no demasiado largos (que son los que, sobre todo, cubre la compañía). Al final, la decisión de pagar más y tener otros servicios siempre estará en manos del usuario.

Por cierto, no fui al baño pero porque no tuve la necesidad, no porque quisieran cobrarme y, sí, me compré una de las tarjetas rasca y gana y no me tocó nada.

PD.: La foto de la tarjeta de es de la propia web de Ryanair y la imagen del avión es de Free Digital Photos y su autor es Matt Banks.
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11.3.09

¡¡Yo quiero uno de esos!!

Doble descubrimiento ayer tarde en Xataka Foto: por un lado un objetivo ojo de pez con un precio bastante razonable y que, al parecer, tiene ya una legión de seguidores en medio mundo, el Peleng 8mm f3.5 Fisheye; por el otro, que va a ser comercializado en España.

Una de las primeras anotaciones de la nueva etapa de este blog (vaya, ahora compruebo que era LA primera), hace ya casi un año, era la recomendación de incluir en nuestro equipo fotográfico un gran angular bastante amplio, alrededor de los 12 mm. de distancia focal. El ojo de pez no es un gran angular extremo (o mejor dicho, es tan extremo que pasa a ser otra cosa) pero algunas de las cosas que decíamos entonces son también válidas en este caso.

Eso sí, la óptica del ojo de pez es tan evidente, se hace tan presente en la imagen que prácticamente la domina y se hace el motivo principal de la fotografía; así que, si no queremos convertirnos en "el pesao del ojo de pez", el uso razonable que podremos hacer de él es bastante más moderado que el que hacemos de un gran angular. Hay que tener cuidado porque la óptica es tan espectacular que nos puede parecer que cualquier foto es buena y, como se puede ver con una simple búsqueda en Flickr, no todas lo son.

Del mismo modo, en la fotografía viajera (que es, aproximadamente, de lo que nos ocupamos en este blog si hablamos de fotos) no creo que sea sencillo encontrar motivos que de verdad se ajusten a las especiales características del ojo de pez, pero como nos demuestra esta imagen del usuario de Flickr Adam Baker, sí es posible si nos esforzamos un poco en hacerlo:



Otro ejemplo interesante, en este caso de otro usuario de Flickr, exothermic:


Más cosas y de nuevo de Xataka Foto, al día siguiente de dar la noticia hacen un análisis bastante completo del objetivo que... todavía me pone los dientes más largos.

PD.1: La imagen del trasto en sí la he tomado de Rugift.com, una web en la que, si alguien está interesado, también lo venden.

PD.2: Y si alguien se anima puede echar un vistazo al manual que ha escrito Bruno Abarca.
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8.3.09

Las 36 horas en Madrid del New York Times

El suplemento de viajes del New York Times publica este 8 de marzo un artículo sobre mi ciudad, Madrid, en la que proponen un itinerario de 36 horas por la capital. Está escrito por Eliane Sciolino, una colaboradora muy habitual del NYT que ha publicado reportajes sobre nuestro país con anterioridad, por ejemplo, en las pasadas elecciones generales.

Cuenta además, con una galería de nueve fotos firmadas por Matías Costa, un prestigioso fotógrafo español del que pueden ver más trabajos aquí.

En cuanto a su contenido, es una mezcla bastante equilibrada y muy habitual en este tipo de trabajos entre cosas más tópicas y habituales (la Plaza Mayor, el Museo del Prado, el Retiro) con algunas actividades más alternativas y un poco más trabajadas como, por ejemplo, visitar San Francisco el Grande o ir de tiendas por la calle Almirante.

Se nota que la escritora conoce razonablemente bien todo de lo que habla, aunque por "exigencias del guión" nos plantea algunas cosas con un formato poco menos que imposible, por ejemplo: estar a las 10 de la mañana en la puerta del Prado y plantarse a las 11,30 en el Retiro después de haber visitado el Museo. Teniendo en cuenta las colas habituales los fines de semana habría tiempo para ver media docena de cuadros, como muy mucho.

Por otro lado, lo más curioso es el bajonazo que le pegan al alcalde de la ciudad: no sólo hablan de Madrid como un "gigantesco espacio en construcción" durante los últimos cinco años, sino que cuentan que el "lavado de cara" de la ciudad ha quedado a medias por culpa del frenazo del "boom de la construcción" y por la recesión. Eso sí, elogian que tras tanta obra se puede volver a caminar por la capital.

En conjunto, creo que el artículo es interesante, pero me parece que no ayudará a los neoyorquinos que lo lean a hacerse una imagen mental de Madrid, que siempre es una de las cosas para las que deben servir estos reportajes, en mi modesta opinión.

PD.: La foto la tomo prestada de la galería de Matías Costa, al que espero que no le importe hacerme el favor :-).
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5.3.09

Lo malo no es que nos hagan pagar por usar el baño del avión...

Lo malo sería necesitarlo y quedarse sin cambio, como en este profético anuncio de los años 80:



Supongo que habrá llegado a sus oídos la polémica surgida después de que el no menos polémico presidente de Ryanair comentase que estaban pensando en poner un precio al uso de los cuartos de baño en sus aviones. Todo el mundo parece apostar por que se trata de una boutade de Michael O'Leary que de esa forma busca algo de presencia en los medios.

Por otra parte, además de no demasiado popular no creo que la medida fuese en exceso efectiva ya que quizá menos usuarios entraban en los baños pero, como decía con buen humor un compañero de trabajo: "Yo pago, pero le dejo el servicio fino, vamos...". Así que al final seguirían teniendo que limpiar bastante :-).

Volviendo al anuncio, es curioso como adelantó, despreciándolo, una parte importante del futuro de la aviación: habla de "compañías que reducen sus tarifas pero que, desafortunadamente, no es lo único que reducen"; y se preguntan: "¿Qué será lo próximo?".

Por cierto, casualmente si no ocurre nada la semana próxima volaré con Ryanair, así que ya les contaré qué tal es la experiencia.

PD.: A todo esto, si se le da al baño el uso que tenía en una tórrida escena de la maravillosa Ricas y famosas... ¿habrá que pagar más?

Vía Gadling.
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2.3.09

Trenes automáticos en la línea L del metro de Nueva York

Me entero en Diario del Viajero que a partir de mañana, martes 3 de marzo, los trenes de metro de la línea L de Nueva York no tendrán conductores humanos sino que estarán "robotizados". La noticia, bastante curiosa ya de por sí, me llama todavía más la atención porque esa línea, que conecta Brooklyn con la mayor parte de las que recorren Manhattan, era la que un servidor de ustedes usaba casi todas las mañanas cuando vivía en la Gran Manzana o, mejor dicho, los dos meses que viví allí.

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Subía en la estación de Bedford Avenue y, tras atravesar bajo tierra el East River, llegaba a Manhattan donde, una vez superadas la Primera y la Tercera Avenidas y también Union Square (uno de mis lugares preferidos de la ciudad), me bajaba en la estación de la calle 14, donde transbordaba a un tren de la 1, 2, la 3 o la 9 y bajaba, bien en la calle 28 bien en la Séptima, en Penn Station (las estaciones de metro en Manhattan están bastante cerca unas de otras, así que en muchas ocasiones uno puede elegir dos o tres distintas que te dejan a la misma distancia de tu destino final).

La L era muy práctica ya que cruzaba en horizontal prácticamente toda Manhattan y, por tanto, permitía conectar con casi todas las líneas de metro que cruzan la isla en sentido sur - norte. Ahora todavía será más práctica ya que, según las autoridades, los "trenes robotizados" permitirán que circulen más convoyes por la línea y que lo hagan más rápidos y más seguros.

A pesar de la sorpresa que la cosa puede causar, y la intranquilidad que a muchos les supondrá saber que van en un transporte sin conductor, no es el primer tren automático al que se puede subir en Nueva York, de hecho muchos de los que hayan visitado la ciudad habrán utilizado el que nos lleva de una terminal a otra en el aeropuerto JFK y que también es, desde hace años, completamente automático.

Y otro día hablaremos de las red de metro de Nueva York que es en sí misma un atractivo turístico.
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1.3.09

Los hoteles más sucios de España

Al menos según la información recopilada en los comentarios de TripAdvisor, que ha realizado varios listados con los establecimientos hoteleros más sucios y, por tanto menos recomendables, de varios destinos: EEUU, Asia - Pacífico, Francia, Alemania... y, por supuesto, España.

La lista española tiene algunos detalles que me llaman la atención, el principal de ellos que la gran mayoría de los hoteles que ocupan tan poco distinguida clasificación están en Cataluña, concretamente seis de diez, que es un porcentaje importante. Además, Barcelona es la única ciudad que tiene dos establecimientos en la lista.

Quizás esto esté relacionado con que esta comunidad y su capital son un destino muy elegido por turistas del Reino Unido que parecen dominar los comentarios en tripadvisor.com y que tienen más asimilado el derecho a protestar si algo no les gusta, pero también visitan mucho Canarias, las Baleares o la Costa del Sol y de las islas sólo hay tres (dos en Canarias y otro en Mallorca, en cualquier caso pocos en comparación con los seis catalanes) y no hay ni uno sólo andaluz.

No me parece, por tanto, que está mayor concentración de quejas respecto a hoteles catalanes pueda achacarse por completo al origen de los visitantes y de las denuncias (también he leído quejas de gente de Rumanía) y quizá esta lista debería ser motivo de reflexión para las autoridades turísticas y de sanidad de Cataluña, que supongo que tienen las competencias de inspeción de los hoteles.

La decena de hoteles "maditos" se completa, por cierto, con uno mallorquín y otro de Benidorm; mientras, por categorías encontramos dos hostales, tres aparthoteles, un par de hoteles de dos estrellas e incluso, lo más preocupante, tres hoteles de tres estrellas.

Hay que señalar que de todos los hoteles hay alguna crítica positiva o, al menos, alguna que asume que no era muy razonable esperar más de lo recibido por lo que pagaron, aunque es cierto que la mayoría son muy negativas e incluso hay algunas que se acompañan de imágenes bastante escalofriantes.

Está claro no se trata de un estudio detallado desarrollado con un método científico, pero dada la amplia base de usuarios de Tripadvisor (20 millones de personas que emiten sus opiniones según la propia web), sí que puede resultar significativo y, desde luego, como usuario no creo que me arriesgase a pasar mis vacaciones en uno de esos hoteles.

Por otra parte, creo que resultaría interesante saber (o al menos tener una idea aproximada) la influencia que para los establecimientos que han aparecido en la lista puede tener tan dudoso honor; es obvio que no todo el mundo planea sus vacaciones através de internet y todavía menos gente lo hace con esa página, pero si yo fuera el responsable de uno de esos hoteles la verdad es que estaría muy preocupado.

Y ya para terminar, creo que es justo recordar que los hoteles españoles presentan, por lo general, una calidad y un mantenimiento de primera y, como ya he dicho en alguna ocasión, en muchos países hay hoteles de cuatro estrellas que aquí difícilmente llegarían a las tres. Vemos ahora que para todo hay excepciones y como tal conviene considerarlas y, llegado el caso, denunciarlas.
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